Avisar de contenido inadecuado

Textos periodísticos para el análisis 2º Bachillerato

{
}

7000 Rosa Montero El País, 16 de Junio de 1998.
Que me los presenten. Que me presenten a esos 7000 madrileños que abandonaron a sus perros para irse con toda tranquilidad de vacaciones. Que me presenten a esos 7000 energúmenos capaces de dejar atrás, con impavidez espeluznante y una pachorra inmensa, los hocicos temblorosos y las miradas dolientes de sus animales.
¿Cómo lo harán? ¿Apearán al perro en mitad de un campo solitario y huirán después a todo rugir de coche, con el pobre bicho galopando espantado detrás del guardabarros hasta que su aliento ya no dé para más? ¿O quizá lo llevarán a algún barrio lejano y escaparán aprovechando algún descuido, un animoso encuentro con otros perros o un goloso olfatear de algún alcorque? No les importa que luego el animal, al descubrirse solo, repase una vez y otra, con zozobra creciente y morro en tierra, la borrosa huella de sus dueños, intentando encontrar inútilmente el rastro hacia el único mundo que conoce. Son 7.000 en Madrid: el censo estatal de malas bestias puede aumentar bastante.
Que me presenten a esos tipos que tuvieron el cuajo de tumbarse con la barriga al sol en una playa, plácidos y satisfechos, tras haber condenado a sus perros, en el mejor de los casos, al exterminio en la perrera, y, más probablemente, a una atroz y lenta agonía en cualquier cuneta, con el cuerpo roto tras un atropello. O a servir de cobaya en un laboratorio, o a morir en las peleas de perros, espeluznantes carnicerías que, aunque ilegales, parecen estar en pleno auge como juego de apuestas.
Que me presenten a esos seres de conciencia de piedra. Quiero saber quiénes son, porque me asustan. Si han cometido un acto tan miserable e inhumano, ¿cómo no esperar de ellos todo tipo de traiciones y barbaries? Probablemente pululan por la vida disfrazados de gente corriente: es una pena que las canalladas no dejen impresa una marca indeleble.

 

La etiqueta
Cuando el chaval dice que quiere comprarse un pantalón, no es un pantalón lo que quiere comprar, sino una etiqueta.
El buen padre y la buena madre acuden con el chaval a las tiendas de juventud y no salen de su asombro. Observan detenidamente los géneros, los sopesan, los palpan y jurarían que aquellas telas son las mismas que se ponían los labradores 20 años atrás para regar sus huertas y los pastores para cuidar las cabras en el monte.
Sin embargo a los chavales eso les trae sin cuidado. El pantalón que quieren comprarse los chavales no tiene nada que ver con texturas ni con urdimbres ni con aprestos. Lo importante es la etiqueta. No una etiqueta cualquiera, sino la que debe ser; que luzca destacada sobre las posaderas, pues constituye el signo distintivo de su cabal integración en el grupo.
Que luego el pantalón sea un trapo o tenga agujeros es igual. Mejor dicho; debe tener agujeros y ser un trapo. Los chavales modernos repudian toda manifestación de elitismo, abominan de aquella sociedad hipócrita y caduca en la que sus padres, entonces jóvenes (si es que a los padres se les concede la merced de haber sido jóvenes alguna vez), disfrazaban su verdadera naturaleza y condición vistiendo ropas bien confeccionadas, planchadas y limpias, si había con qué comprarlas (que no solía haber, por cierto).
Los chavales, que desprecian aquellos prejuicios burgueses, se han rebelado contra la dictadura de la pulcritud y el aseo, y desarrollan su personalidad vistiendo de mendigos. En realidad visten todos iguales y parece el uniforme; por el precio de ese uniforme, los mendigos verdaderos comerían una semana, y encima van anunciando gratis al fabricante con la etiqueta pegada al culo. Pero así es como se sienten libres, ¡libres! Angelitos míos.


El tole tole de la tolerancia.
Año internacional de la tolerancia. Es fácil aplaudir la tolerancia, más difícil practicarla y todavía más difícil explicarla En castellano, tolerar es soportar. ¿Se debe tolerar lo bueno? No. Lo bueno debe aplaudirse, estimularse. ¿Se debe tolerar lo malo? No. Lo malo hay que combatirlo. Entonces ¿qué se debe tolerar? Históricamente “tolerancia” fue un concepto acuñado para combatir la intolerancia y sus maldades. Como todos los conceptos negativos resulta borroso.
Aparentemente hay problemas que admiten muy poca tolerancia, por ejemplo, las matemáticas o los que afectan a la dignidad humana. Otros, como los planteados por la convivencia, exigen amplios márgenes.
El intolerante afirma que sólo hay una solución para cada problema, la que él posee, que esa solución no admite ninguna flexibilidad, y que está dispuesto a imponerla si puede.
Tolerante inteligente es el que conoce y justifica el margen de tolerancia de cada solución. Sabe que para resolver el problema del tráfico hay que ser intolerante con los que desprecian las señales, pero tolerante con el atuendo de los conductores.
Tolerante necio es el que piensa que todas las soluciones tienen un margen infinito de tolerancia. Acaba conduciendo por dirección prohibida y atropellando a un peatón.
Bien mirado la tolerancia es una cuestión de valores. Supone aceptar al otro, pese a que el reflejo traslúcido que nos muestre sea contradictorio, nada de dos gotas de agua. El otro siempre diverge en algo y ahí reside su fuerza pero también la nuestra. El que tolera es el que respeta a los demás, aunque haya llegado en un cayuco o sea un ejecutivo agresivo”.
Como dice Marinella Terzi “Para sentirse persona, no basta con ser persona, hay que sentirse persona en el rostro de quien nos mira”.
José Antonio Marina ABC Cultural

 

Literatura en un “juego”.
Hoy en día, mal les pese al pujante mercado editorial dedicado a la literatura infantil y juvenil, es difícil constatar hasta qué punto los adolescentes se dejan embaucar por los beneficios de la lectura que, aunque los enriquece más que otro tipo de ocio, no siempre es el que consumen habitualmente.
Los estudios muestran que si en primaria sí que suele ser habitual que los niños lean, a medida que crecen, abandonan ese hábito para dedicarse a otro tipo de ocio que anule ese esfuerzo: juegos de ordenador, play, televisión, etc.
Sin embargo, la literatura está presente, no en vano muchos juegos de rol retoman los caminos recorridos por la literatura fantástica, la saga artúrica o la mitología y el sufrido profesor se pasma al comprobar que, los mitos que resultan soporíferos en sus clases, son aclamados a golpe de ratón.
Un profesor inteligente no se cruzará de brazos ante la realidad virtual y las nuevas tecnologías, conocerá las arenas movedizas en las que se mueven sus alumnos y los ayudará a navegar contracorriente. Eso no significa que reniegue de la tradición, significa simple y llanamente que busque caminos alternativos y actividades que se apropien de una realidad con la que el alumno se siente íntimamente más familiarizado.
Un profesor inteligente asumirá el rol y se pondrá en la piel de sus alumnos. Con valentía y entusiasmo convencerá a sus alumnos de que la literaria es un ocio estimulante y creativo. La lectura es una puerta abierta hacia la imaginación, un camino que les servirá para huir de la mediocridad de la vida cotidiana.
Mari Carmen Moreno Revista Luke

Millones
Almudena Grande
Albert Rivera es partidario de abrir un debate sobre la legalización de la prostitución. Me parece muy bien, yo también soy partidaria de ese debate. No tengo una posición definitiva al respecto, aunque soy muy consciente de que el término prostitución, en países como el nuestro, es en gran medida sinónimo de esclavitud. La libertad con la que se mueven las mafias que esclavizan a mujeres, la naturalidad con la que nos hemos acostumbrado a ver haciendo la calle a extranjeras que no hablan nuestro idioma, los tenebrosos neones de colores que alumbran nuestras carreteras, son la estampa contemporánea de la España negra. Este escándalo perpetuo afecta a temas muy graves y delicados al mismo tiempo. Los derechos humanos, la libertad personal, la salud pública, la política de extranjería, el concepto de orden público, la moral individual y la ética colectica son algunos de ellos. Más desgarradoras resultan las historias personales, el caudal infinito de sufrimiento de muchas mujeres, rehenes de su propio amor por sus hijos, por sus familias, que las ha encerrado en una trampa cruel y sin salidas. Cualquier proceso de legalización de la prostitución tiene que tener en cuenta su experiencia, sin ignorar los criterios de otras mujeres que han decidido ejercer libremente su oficio. Es un tema muy conflictivo, pero sí hay algo que nunca tendría que haber aflorado en el debate es su impacto económico. El líder de Ciudadanos ha justificado su propuesta argumentando que el Estado recaudará 6. 000 millones de euros más cuando la prostitución pague impuestos. Si la nueva política consiste en cuantificar económicamente la humillación, la esclavitud y la explotación de seres humanos, me quedo con la antigua, gracias.


Titanic
Rosa Montero

Qué imagen tan poderosa y tan tremenda la de los 82 bolivianos que viajaban en el crucero de lujo Sinfonía. "Apenas si salían de los camarotes, llevaban ropas modestas y las zapatillas rotas", comentó otra pasajera. Ya han sido devueltos a su país, después de haber pagado 1500 euros por el pasaje y de haberse endeudado para siempre. La Europa rica se parece cada día más a ese crucero, somos un trasatlántico de lujo lleno de gente jaranera que baila y bebe y ríe y se zambulle en piscinas resplandecientes de color turquesa mientras por los pasillos interiores deambulan cual fantasmas tristes polizones con los zapatos rotos.
Y corremos el peligro de dirigirnos de cabeza al iceberg con la banda de música a toda pastilla, como un Titanic del desajuste social. Véanse los alborotos callejeros de Francia, por ejemplo.
Sé bien que el problema de la inmigración no es fácil, pero creo que tenemos que esforzarnos en corregir la derrota del barco, en priorizar la admisión y la integración y no el cerrojazo. Una de las últimas bolivianas que entró por Barajas antes del visado, sostuvo esta conversación con los periodistas nada más pasar el control: "¿Cómo has entrado? Como turista. ¿ Y ahora qué vas a hacer? Buscar trabajo. Lo decía con toda naturalidad, con toda inocencia, sin darse cuenta de que estaba admitiendo una ilegalidad, porque no le cabía en la cabeza que pudiera haber nada malo en querer trabajar honesta y esforzadamente, en desear ser útil y feliz. La inmigración enriquece la sociedad, porque los que emigran suelen ser los más emprendedores, los más responsables. Una lectora, profesora de Inglés de un instituto público del sur de Madrid me escribió comentando un anuncio que había visto en Newsweek. Era de un lujoso colegio bilingüe de Marbella y, como prueba de su excelencia alardeaban de tener alumnos de 46 nacionalidades. Pero si se les dijera eso mismo a los padres de un instituto, explicaba la lúcida lectora, saldrían huyendo despavoridos. "Qué triste que lo sirve de reclamo en una institución privada sea causa de espanto en una pública". Qué triste, en efecto, que no sepamos reconocer, integrar, asumir y disfrutar de toda esa riqueza.

 

Defectillos
Isabel Vicente
Leía el otro día un reportaje de mi compañera Pino Alberola en el que se recogían las conclusiones de una encuesta realizada a adolescentes sobre la influencia que sobre ellos pueden causar los roles machistas de las series de televisión. Pues bien, resulta que a los jóvenes les gustan los malos de las pelis, los turbios, algo canallas, los atormentados a los que finalmente salva el amor, lo que, llevado a la vida real, se traduce en que te atraiga más el repartidor desengañado y espatarrado de la última fila que el buen chico y amigo eterno que se sienta a tu lado. Nada nuevo, como tampoco lo es que muchas niñas sigan pensando que no es malo que el noviete cómo te vistes, o se crea con derechos para leer tus mensajes en el móvil, considerando que los celos o el control son una prueba de su amor. Al fin y al cabo, como todos sabemos, el ser amado es casi perfecto, y si tiene algún defectillo, es corregible y además lo hace interesante. Pues bien, chicas, va a ser que no. Si algo hemos aprendido en mi generación, es que aquí no cambia nadie. Sólo se empeora. Y en esto no hay excepciones. No pasa nada por enamorarnos de un chico feo, pero, tenedlo claro: con el tiempo, se hará aún más feo, y encima, viejo. Pues bien, esto vale para todo. Asume que esa introspección que te hace verlo como un chico misterioso y taciturno, puede convertirlo en un par de años en un ser aburrido al que no lograras despegar de la pantalla del ordenador, y ese juerguista y ligón al que crees que apaciguarás cuando lo metas en tu cama, se acabará escapando, de farra en cuanto te des la vuelta, a no ser que lo aceptes como es o te conviertas en su compañera de parranda. Al tiempo y verás… Si ahora es antipático con tu familia, en un tiempo dejarán de hablarse. Si en las primeras citas se resiste a acompañarte al cine, da por hecho que jamás lo hará. Si no es detallista, no te canses insinuándole lo feliz que te haría que te regalara flores por tu cumpleaños porque te las regalará una vez, y al año siguiente te llevarás el berrinche. En fin, que en la vida real, las ranas, por mucho que las beses, siguen siendo ranas, y el que es borde, grosero, vago o egoísta seguirá siéndolo hasta que se muera…
Y por favor, dale puerta ya a ese imbécil que te controla los mensajes del móvil, te grita si te ve con otro chico y te obliga a abrocharte un botón más de la camisa. Con el tiempo, si no lo frenas, se creerá tu dueño y esas “ muestras de amor” que ahora hasta te halagan, te pueden acabar llevando a las portadas de los periódicos. El que sea machista, violento y posesivo a los 20 años, acabará, si lo dejas, maltratándote a los 30 y maldita la gracia que tiene eso.
Información, 06/03/2011.

El retorno a la naturaleza

Estamos acostumbrados, en nuestros días, a protestar contra el imperio del maquinismo, y anhelamos ardientemente el retornas a días más sencillos. Pero esto no es nada nuevo. Lao-Tse, que precedió a Confucio y vivió (si es que vivió) en el siglo VI antes de Jesucristo, es tan elocuente, como Ruskin sobre el meta de la destrucción de la antigua belleza por las innovaciones mecánicas modernas. Los caminos, los puentes y las embarcaciones lo llenaban de terror porque no eran cosas naturales. Hablaba de la música como los modernos intransigentes hablan del cinematógrafo. Encontraba el bullicio de la vida moderna fatal para la vida contemplativa. Cuando no pudo soportarla por más tiempo, abandonó China y desapareció entre los bárbaros del Oeste. Creía que los hombres debían vivir conforme a la naturaleza —opinión que asoma continuamente en el transcurso de las edades, aunque siempre con diferente matiz.
Rousseau también creía en el retorno de la naturaleza: pero ya no ponía reparos a los caminos, puentes y embarcaciones. Eran las cortes y los placeres adúlteros de los ricos lo que suscitaba su ira. El tipo de hombre que a Rousseau le pareciera una criatura sencilla de la naturaleza, hubiera parecido a Lao-Tse increíblemente diferente a lo que él denominaba << los hombres puros de la antigüedad>>. Lao Tse ponía reparos a la doma de caballos y a las artes de alfarería y de la carpintería; a Rousseau el carpintero le pareciera el verdadero epítome del trabajo honesto.
<<El retorno de la naturaleza>> significa, en la práctica el retorno a aquellas construcciones a las que estaba acostumbrado el escritor en cuestión, durante su juventud. El retorno a la naturaleza, si se lo tomase en serio, supondría la muerte por inanición de un 90% de la población de las comarcas civilizadas. El industrialismo, tal como existe en el presente momento, tiene indudablemente grandes inconvenientes; pero estos no pueden ser aliviados por un retorno al pasado, como no lo fueron las dificultades que sufrió China en época de Lao-Tse, o Francia en tiempos de Rousseau.
Bertrand Russell, La perspectiva científica, Sarpe.

Gran Hermano

La llegada de ese programa televisivo que se dispone a hacer pública la vida privada de unos concursantes está siguiendo una estrategia perfectamente calculada. Desde hace algún tiempo la noticia de la existencia de programas similares en televisiones extranjeras y su próximo aterrizaje en las pantallas españolas se viene completando con un debate sobre si es o no moralmente lícito o simplemente decente, llegar a extremos tales de exhibición ( a cuenta de la necesidad de captar cuota de pantalla) y de exhibicionismo ( a cuenta de sentirse alguien). Y después de esto, ¿qué va a llegar?, dicen voces escandalizadas; lo cual me recuerda aquella España bienpensante y mojigata de hace muchos años que, tras aceptar a regañadientes el bikini, clama a los cielos cuando se empezó a hablar de nonokini –en expresión castiza- o de –top-less- versión esnob. El resultado fue que los cielos no se abrieron, los pechos salieron al aire y la normalidad siguió instalándose en nuestras vidas.
Hay que reconocer que tras el morbo que produce la noticia –rítmicamente reproducida en los medios- de que llega el programa que levanta sin tapujos el velo de la intimidad de un grupo de gente tan anónimo y español como la mayoría de españolas, y tras la apariencia de debate sobre la moralidad del asunto, cualquiera diría que hay una estrategia perfectamente calculada para que todo confluya sobre el día D, y ese día todo el mundo levante una cuota de pantalla de las que hacen época.
Todo esto nos lleva a contemplar con cierta inquietud el camino que puede llegar a ser un día la cultura de masas, pero todo es empezar. Sin embargo, muy a menudo, lo que parece ser una novedad a simple vista no es más que el resultado de un caldo de cultivo en el que esas novedades están cociéndose desde mucho antes. Por ejemplo, ¿ a qué viene el morbo medio escandaloso y el cuestionamiento moralizador de un programa de televisión que destapa la intimidad de unas gentes normales y corrientes cuando la prensa, los programas y los profesionales del corazón llevan hurgando en ello día a día y semana a semana con toda normalidad y beneplácito de cientos de miles de lectores y espectadores?. Y además, todos y cada uno de ellos, protagonistas y comentaristas lo hacen por la pasta, como suele decirse. Igual que los concursantes del programa.
Cuando uno se entera de que las portadas de las revistas están ocupadas por declaraciones que cuentan como un individuo registra su casa para pillar al amante de su señora y los presuntos amantes salen a la semana siguiente dando su versión de los hechos, que en Gran Hermano aparezca un padre de familia sentado en el retrete o una hija pequeña duchándose por la mañana o la bronca de pareja me parece una cosa baladí. Yo me limitaré a no ocuparme de ello, porque no me produce la menor curiosidad en comparación con otras cosas que me interesan, pero tampoco pienso lamentarse de los tiempos que corren. Los tiempos que corren de extrema vulgaridad, y lo que constato es que la mejora del nivel de vida no se ha visto acompañada – en la sociedad occidental al menos- de una mejora cultural general, sino al contrario.
En otras palabras: la curiosidad- esa facultad maravillosa del ser humano- no se ha aplicado al conocimiento, sino a mirarse el ombligo, y la gente aprecia que personas con problemas tan pequeños como los suyos sean los verdaderos protagonistas del espectáculo. De esta manera el círculo de la vulgaridad se cierra a la perfección: el mundo se convierte en el pequeño mundo de cada uno y nada hay más allá que pueda despertar la curiosidad general. Utilizaré unas palabras tan conocidas como rotundas de la novelista Iris Murdoch.- gran observadora de la desesperación que late en la penuria de la vida mediocre- para definir la situación: en el fondo, a cada cual le gusta el olor de su propia mierda.

José María Guelbenzu,, en El País ,17 de abril de 200


La cuarta rueda de la ciencia
Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia, sentenció en su día Santiago Ramón y Cajal. Por fortuna, esta realidad histórica deja actualmente paso a otra de signo contrario. España está todavía lejos de ser una potencia científica, pero el número de equipos de investigadores con un proyecto de trabajo puntero y una dotación para financiarlo sigue creciendo. Tomemos, a modo de ejemplo, el caso de Barcelona. Hace veinte años, el tono vital del sector científico era entre nosotros muy bajo. Hace diez años, el tono era ya bien distinto y la investigación había aumentado, al menos en términos cuantitativos, de modo considerable. Hoy ese crecimiento ya no es solo cuantitativo; también es cualitativo, y la suma de los distintos proyectos científicos que se desarrollan aquí con vocación de excelencia le ha valido a Barcelona un significativo progreso en la lista de capitales mundiales de la investigación. Del puesto 65 ha pasado en el último decenio, al 54.
Estas constataciones podrían llevarnos a pensar que hemos arribado a buen puerto. Pero en el ámbito de la ciencia, como en tantos otros, no se suele llegar a una meta definitiva: siempre hay nuevos desafíos que afrontar, nuevos peldaños que subir, nuevos horizontes a los que acercarse. Ahora que la investigación empieza a ser en Barcelona sinónimo de excelencia, es preciso desarrollar las herramientas necesarias para dar el siguiente paso, que es convertir el nuevo conocimiento, tan trabajosamente labrado, en un producto de uso extendido, capaz de crear riqueza. En nuestros días, los científicos locales que a partir de sus investigaciones patentan un producto con potencial muy amplio tienen dos alternativas. La primera es vender la licencia de su creación a una gran firma internacional, que se ocupará de todo lo relativo a su desarrollo, distribución y comercialización. La segunda es convertirse en empresarios y encargarse por su cuenta y riesgo de la explotación del nuevo producto, desatendiendo, a veces, aunque solo sea temporalmente, su cometido en el laboratorio, que es aquel para el que sin duda están mejor capacitados. Por ello, quienes se inclines por una opción u otra deberían hallar siempre la franca colaboración de la Administración pública, tanto en términos de asesoría como de eliminación de trabas o incompatibilidades. Porque ahora que el carro de la ciencia española ya tiene ruedas- las de su existencia, su cantidad y su calidad- , ha llegado el momento de proporcionarle una cuarta: la que le ayude a generar productos y rentas. Y, de paso, le dé al carro científico una buena velocidad de crucero.
La Vanguardia, 25/01/2011

 

La generación perdida no mola
Isaac Roca
Algún genio del storytelling político debió de inventar lo de la “generación perdida”, que tanto éxito ha tenido y todos repetimos cuando hablamos de los jóvenes golpeados por esto que llaman crisis. Bajo su significado negativo, me reconocerán que lo de “soy de la generación perdida” suena cool, tiene algo de la tan prestigiada estética del perdedor, y evoca escritores borrachos en París y rockeros malditos. Nadie se pondría una camiseta que dijera “Soy de la generación empobrecida y saqueada”, ni “Cuando deje de ser joven seguiré siendo precario”. En cambio, una chapa de la generación perdida me la pongo hasta yo. Y si encima te lo dice en inglés un organismo internacional o un medio extranjero, ya es que te entran ganas de formar un grupo punk o escribir una novela desesperada: the lost generation.
Pues no, oigan: aunque suene chulo, ser de la generación perdida no mola nada. Pero nada. Jóvenes, olvidad las telecomedias y el cine independiente: vosotros no sois esos.
La EPA de ayer, por ejemplo, funciona como foto de grupo de la generación perdida (en la que entran por igual los veinteañeros y los primeros cuarentones). Y la imagen resultante no es como para hacerse un póster: una tasa de paro juvenil terrorífica (y no soy yo el que elige el adjetivo), menos población activa joven y menos población joven en general (como en una posguerra, vamos), aumento del tiempo parcial. Es decir, un mercado laboral que para los jóvenes (y los no tan jóvenes que también se perderán) solo ofrece precariedad o emigración. No extrañe que, quienes no se van, digan que aceptarían lo que les echen, pues ha calado el discurso de “mejor un trabajo basura que no tener trabajo”.
¿Se da cuenta la generación perdida de hasta qué punto está de verdad perdida, arrojada al basurero del siglo? ¿Comprenden los jóvenes que lo de generación perdida no son unos años jodidos y a esperar los buenos tiempos, sino echar a perder toda la vida? Si uno es generación perdida, lo puede ser ya para siempre.
Dicho con crudeza: al paso que vamos, y si nada cambia, la generación perdida dejará atrás la juventud precaria para convertirse en adultos precarios (y en madres y padres precarios), hasta alcanzar una vejez tanto o más precaria. ¿O qué esperan? ¿Tener pensiones dignas cuando se jubilen? ¿Esperan siquiera jubilarse? ¿Cuántos años creen que van a cotizar, y por qué cuantía? ¿Y cuántas contrarreformas de pensiones pueden caer en los próximos treinta o cuarenta años?
Y la precariedad, vivir a salto de mata, compartir piso o pedir dinero a la familia puede tener su gracia con veintitantos, pero a los cuarenta es muy triste, y a partir de ahí es todo cuesta abajo. Decir con setenta años que eres de la generación perdida dará para unas risas, pero no propias.
Así es, amigos: la generación perdida no mola. Ya podéis asumirlo, entender la magnitud de lo que está pasando, y empezar a gamonalear más a menudo, porque lo que está en juego no es precisamente una plaza de aparcamiento. Eldiario.es, 23/01/2014

Por mi culpa
Elvira Lindo
Nuestros mayores nos dijeron que la vida era un valle de lágrimas. Nosotros, como venganza, quisimos educar a nuestros hijos haciéndoles creer que la vida era un parque de atracciones. Lo bueno que tenía el partir de una expectativa tan baja, el célebre valle de lágrimas, era que las criaturas nos lanzábamos al mundo con la idea de que todo sería cuesta arriba, de tal manera que la vida, finalmente, resultaba ser una grata sorpresa y nosotros podíamos reservarnos una dosis de rencor, que siempre gusta, hacia quien nos había inoculado la idea de que la alegría siempre es un sentimiento que ha de ser castigado. El influjo del valle de lágrimas perdura. La felicidad carece de prestigio intelectual. No verán ustedes un escritor que declare su alegría abiertamente: unos dicen sufrir por el mundo desde que se levantan; otros, más sinceros en el fondo, sufren sin descanso por su obra, y los terceros, entre los que reconozco que me encuentro, jamás confesaremos nuestra dicha por terror a perderla. (…) De cualquier manera, hay momentos en que me parece mucho más peligroso hacer creer a un niño que la vida, esa incógnita, será un parque de atracciones. (…) A menudo, escucho a los padres de ahora que lo importante es reforzar la autoestima del niño. Hay, en el mismo instante en que usted lee el artículo, cientos de miles de padres españoles reforzándoles la autoestima a sus niños; es decir, haciéndoles ver que son guapos cuando no lo son tanto, que son listos, cuando está por ver; que se lo merecen todo, cuando no han demostrado nada. El problema es que una vez que las criaturas hayan de convivir con otros niños se enfrentarán al hecho de que nadie les alaba tanto como sus padres y, a menudo, sus desproporcionadas expectativas se verán frustradas. Los padres, angustiados con la decepción de su niño que encuentra que la vida no es un permanente parque en el que se tiene derecho a ticket para todas las atracciones, reaccionarán reforzándolo más si cabe la dichosa autoestima. Como resultado, no es infrecuente encontrarse con chavales rebosantes de autoestima e infelices por no encontrar un mundo a su altura. La psicología barata ha hecho mucho daño poniendo el acento en el yo; hay que aprender a quererse a uno mismo, librarse de la culpa. Parece que se busca un tipo de personas que sólo se preocupe por satisfacer sus deseos. Por fortuna, hay otras corrientes que entienden que lo que el individuo necesita es hurgar menos en su interior y estar más atento a lo que ocurre en el mundo.
El país, 28-3- 2010.

 

« ¿Qué estudias? Igualdad»
Josep María Espinàs
Los nombres de los ministerios son a veces inexactos y chocantes. En España existió, durante mucho tiempo, el Ministerio de la Guerra, que seguía funcionando cuando ya no había guerra. Quizá cuando los ciudadanos se arruinen se mantendrá perfectamente en pie el Ministerio de Economía.
Pero lo que más me sorprende es que en el Gobierno exista un Ministerio de Igualdad. Teniendo en cuenta que su función debe ser trabajar para la igualdad entre hombres y mujeres, ¿es coherente que este ministerio esté regido por una mujer? Si no hay un ministro y una ministra en el Ministerio de Igualdad, mal empezamos.
La ministra Bibiana Aído ha tenido una idea innovadora, lo que no puede decirse de algunos ministros. Lo que ocurre es que me parece una idea equivocada. Propone que en la «formación troncal» de todos los universitarios se incluyan «la igualdad, los estudios de género y la tradición intelectual e histórica del feminismo». Estos «estudios de género» deben 10 incluirse, según el criterio de Aído, de «forma transversal» en varias asignaturas de las carreras universitarias.
Creo que lo interpreto bien: los «estudios de género» deberán incorporarse a los programas de educación de médicos, ingenieros industriales, químicos, geólogos... En este último caso, por ejemplo, no bastaría para obtener el título académico con conocer al detalle la constitución de las rocas: se debería estudiar también la constitución femenina. Ya se han inventado tantas carreras y licenciaturas, que un día se inaugurará la facultad de Ciencias de la Feminidad.
Tengo que dar la razón al político que dijo a la ministra que la universidad «está para otras cosas». No corresponde a la universidad enseñar civismo, honradez, respeto a los niños y niñas, a hombres y mujeres. Ni a los discapacitados. Una universidad es un centro especializado en formación para adultos en unas determinadas materias que les permitirán, en muchos casos, el ejercicio de una profesión.
La educación es otra cosa. Los derechos de ambos sexos, el trato de igualdad –que, en ciertos aspectos, por cierto, puede 20 ser una crueldad y una injusticia–, no puede ser una enseñanza universitaria. Es una educación que debe hacerse en el ámbito familiar y durante el comienzo de la etapa escolar. Tanto el respeto por la igualdad como por las diferencias no pueden ser asignaturas. Son experiencias que hay que saber asimilar y vivir.
El Periódico, 7/4/2010


Texto periodístico
Aunque a fines del siglo XIX existía un cierto consenso sobre la necesidad de educar mínimamente a las mujeres, será a partir de entonces cuando el tema cobre mayor entidad y se produzca el acceso de estas enseñanzas. Al iniciarse la centuria los argumentos que se basaban en el bienestar de la familia eran los únicos mayoritariamente admitidos para justificar la instrucción femenina. Se trataba de educar a las mueres porque la naturaleza las llamaba a compartir su vida con los hombres y tenían que saber atenderlos; porque estaba en sus manos la dirección de sus hijos durante la infancia y debían estar preparadas para formarlos. Consecuentemente, sólo una <<adecuada educación>> que las preparaba ante todo para ser mejores esposas y madres era, a decir de sus defensores, la que les convenía y la única que las haría felices. Una instrucción elemental, con ciertos contenidos culturales, se consideraba suficiente, solo una minoría defendía la ampliación de aquella con vistas a l ejercicio profesional.
Así, concebida, la educación femenina cubría los requisitos del liberalismo, salvaba el teórico principio de igualdad, respondía a las exigencias del progreso y preservaba las estructuras sociofamiliares de cualquier peligro, al ser las exigencias de sexo y clase sus principios orientadores.
Sin embargo, esta educación no tardaría mucho en mostrar en mostrar sus insuficiencias y discriminaciones. En los comienzos del siglo XX la influencia exterior, el desarrollo de los servicios, la demanda de trabajo por parte de las chicas de clase media, la actitud de las interesadas y el efecto mimético de las pioneras harían que se debatiera y difundiera un modelo de enseñanza femenino acorde con el resto de países occidentales.
R. Capel y C. Flecha, <<La educación de las mujeres en el primer tercio del siglo XX>> en P. Alcalá at al Ni tontas ni locas. Los intelectuales del primer tercio del siglo XX.

{
}
{
}

Deja tu comentario Textos periodísticos para el análisis 2º Bachillerato

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre