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Tema 10 LA POESÍA ÉPICA Y EL ROMANCERO

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La poesía épica y el romancero


Conjunto de poesía épica de carácter popular difundida durante la Edad Media por los juglares, que eran quienes cantaban o recitaban versos, sobre todo en plazas públicas y pueblos. Así había juglares épicos que recitaban poesía narrativa y juglares líricos, dedicados a cultivar la poesía sentimental y difundir serranillas, coplas, etc.

Eran personajes de humilde condición y su arte se caracteriza sobre todo por el anisosilabismo, versos irregulares que oscilaban entre las diez y las dieciséis sílabas. Usaban la rima asonante porque proporcionaba más libertad para improvisar y recordar fórmulas fraseológicas.


Dentro de la tradición épica encontramos los textos de la Iliada y la Odisea, así como otras tradiciones como la de los caballeros de la mesa redonda (Arturo, Lancelot, Perceval) y, por supuesto, la épica castellana y el Cantar del Mío Cid.
En el Cantar de Mío Cid aparece la exaltación del honor, la fortaleza física, la valentía de un personaje de la baja nobleza que es desterrado y se ve obligado a recuperar su honor y honra a través de sus actos y hazañas. En el poema son importantes cualidades como la sagacidad y la astucia, la fortaleza de ánimo o la sabiduría para enfrentarse a las situaciones.

Los cantares de gesta se trasmitían oralmente y tenían algunas características comunes:

Métrica: Irregular, con rima asonante (cuando sólo riman las vocales), la rima se agrupaba en tiradas. Cada cambio de rima suponía un cambio de tirada. Además existían fórmulas fijas, para captar la benevolencia del pueblo y su atención:


Fórmulas apelativas con las que el juglar se dirigía al auditorio: Oid lo que dijo el Cid; os quiero contar aquí. Epítetos épicos: adjetivos y expresiones que ensalzan al héroe: el que en buena nació, el de barba bellida (poblada, hermosa). Estilo directo: Alegre se quedó el Cid por lo que hicieran allá: Oídme, mis caballeros, esto aquí no quedará-Datos creíbles reales sobre lugares, personajes, batallas, vestimenta, etc.

El cantar de Mío Cid. Narra las hazañas de un caballero: Rodrigo Díaz conocido como el Cid campeador.
Autor y fecha de composición: No está claro.  Es anónima. Per Abatt. Copista.
El tema es la recuperación de la honra perdida. La intención de la obra era poner de manifiesto que frente a la nobleza de sangre, hay otra nobleza mayor, la del trabajo, la valentía y los valores humanos, cívicos y espirituales.


El héroe protagonista. Rodrigo Díaz existió en realidad, pero el cantar no es histórico. En la obra se hace una recreación ficticia de la vida del noble caballero, Rasgos del Cid: a) Magnífico guerrero, muy hábil en estrategia militar .b) Noble muy querido por el pueblo. c) De gran religiosidad. d) Leal amigo, padre y esposo ejemplar. D) fiel vasallo del rey, "Dios que buen vasallo si tuviese buen señor"


La característica más sobresaliente es la mesura o moderación en las palabras, gestos y conducta.
Estructura y tema del cantar: Está compuesto por 3730 versos de medida irregular y rima asonante, agrupados en series o tiradas.

Tres partes: 
1) Cantar del destierro: 2) El cantar de las bodas: 3) El cantar de la afrenta de Corpes..
La estructura interna: Se organiza en torno a un eje. El Cid recupera todo lo que le han quitado socialmente.
Personajes. Se utilizan diversos recursos para caracterizarlos: Se caracterizan por lo hacen y dicen: valentía, cobardía, por sus palabras y expresiones. -Por los epítetos con frase "en que en buen hora cinxió espada" queda caracterizado como buen guerrero. Virtud que significa ponderación, equilibrio, templanza, pero también resignación

Estilo y técnicas. Claridad, simplicidad. Vocabulario cotidiano y también legal. Contraste, expectación. Interés dramático porque desea influir en el auditorio. Dios que buen vasallo si tuviese buen señor. Narrador omnisciente porque está por encima y suministra todo tipo de información. Hacer rimar los hemistiquios. Los versos se agrupan en series y tiradas.


Métrica.   Los versos son irregulares y aparecen separados por una cesura o separación en el medio del verso, a cada parte de esa separación se la conoce como hemistiquio. El número de sílabas de cada hemistiquio oscila entre cuatro y catorce.. 

Otras características del poema: variedad de tiempos verbales, dramatismo, mezcla de elementos serios y cómicos (como el episodio del león), la presencia de elementos simbólicos, como la barba, que simboliza virilidad, la espada ceñuda, que significa huír o la espada en mano que hace referencia a la lucha. Los mantos o ropa son símbolo de ríqueza o pobreza, etc.  

En la obra encontramos ideas políticas:  Castilla frente a León, pueblo frente a oligarquía cortesana, etc. 

1. EL CID DEJA SUS CASAS Y TIERRAS
De los sus ojos tan fuertemente llorando,
volvía la cabeza, se las quedaba mirando:
vio puertas abiertas, postigos sin candados,
y las perchas vacías, sin pieles y sin mantos,
y sin halcones, o sin azores mudados.
Suspiró, mío Cid, que se sentía muy preocupado;
habló mío cid, bien y muy mesurado:
< esto me han urdido mis enemigos malos>>.

El fragmento pertenece al principio del Cantar de Mío Cid, cuando el héroe sale de su pueblo tras dejar atrás a su gente y a sus posesiones. En el camino del destierro pasa por Burgos, sin que nadie pueda socorrerlo, ni darle posada o vituallas, ya que así lo ha ordenado el rey.
Se presenta al protagonista en el momento culmen de su deshonor (el Rey lo ha desterrado y, no contento con eso, ha prohibido a sus vasallos ayudarlo), de manera que posteriormente la adquisición de gloria produzca mayor contrafuerte, destacando la valía del caballero. El Cid agrandará su hombría gracias a las victorias y las conquistas que le devolverán el favor del Rey. Aparecen ya sus virtudes y cualidades: ama a su tierra, pues se despide de ella morando, es buen cristiano, no se amedrenta ante la situación, muestra un talante positivo, pues confía en sus posibilidades. Cree posible recuperar la honra e infunde valor en Álvar Fáñez. Todos los hombres lo admiran, tanto los que lo siguen como aquellos que lo ven pasar y exclaman: <<¡Dios, tan buen vasallo, si tuviese buen señor!>>.
El lenguaje es el característico de los poemas épicos, destinados a ser recitados por los juglares.
En cuanto a la estructura métrica, nos encontramos ante una composición irregular. Los versos tienen diferente medida y están divididos en dos hemistiquios por una cesura. La rima es asonante y varía: cada uno de los tres fragmentos utiliza una rima distinta (a-o, e-a, e-o).
Se nos muestran además las marcas o fórmulas habituales en este tipo de relatos y que sirven para conferirle viveza, para actualizarlo y que el lector puede forjarse una imagen mental de lo que está sucediendo. De este modo los personajes son vistos en toda su grandeza, así lo sienten, al menos, quienes escuchan al juglar: exclamaciones, diálogo en estilo directo, alusiones a gestos (Volvió la cabeza, se las quedaba mirando. /Suspiró mío Cid, que se sentía muy preocupado. /Se encogió el Cid de hombros, levantó la cabeza).
La presencia de bimembraciones, es decir sustantivos o adjetivos unidos por conjunciones, facilitan la agilidad narrativa: Allí empiezan a aguijar, allí sueltan las riendas. Se incluyen además detalles que sirven como augurios de lo que va a suceder: la salida de la corneja por el lado derecho es un presagio de buena suerte y por la izquierda anuncia mala fortuna. El Cid acoge el buen augurio a la salida de Vivar y espanta la mala suerte encogiéndose de hombros, no mostrando desfallecimiento o debilidad al entrar en Burgos.
Poema de Mío Cid

Estaba el Cid con los suyos en Valencia la mayor
y con él ambos sus yernos los infantes de Carrión.
acostado en un escaño dormía el Campeador
ahora veréis qué sorpresa mala los aconteció. (llamada de atención al auditorio)
De su jaula se ha escapado y andaba suelto el león,
al saberlo por la Corte un gran espanto cundió.
Embrazan sus mantos las gentes del Campeador,
y rodean el escaño protegiendo a su señor.
Pero Fernando González el infante de Carrión,
no encuentra dónde meterse todo cerrado lo halló.
El otro, Diego González, por la puerta se escapó
gritando con grandes voces: <>
Detrás de una gruesa viga metióse con gran pavor
y de allí túnica y manto todos sucios los sacó.
Estando en esto despierta el que en buena hora nació (epíteto épico)
y ve cercado el escaño suyo por tanto varón.
<<¿Qué es esto, mesnadas? ¿Qué hacéis aquí alrededor? >>
<>
Se incorpora Mío Cid y presto se levantó,
y sin quitarse ni el manto se dirige hacia el león:
la fiera cuando lo ve mucho se atemorizó,
baja ante el Cid la cabeza, por tierra la cara hincó.
El Campeador entonces por el cuello lo cogió,
como quien lleva un caballo en la jaula lo metió.
Maravilláronse todos de aquel caso del león
y el grupo de caballeros a la corte se volvió.
Mío cid por sus yernos pregunta y no los halló,
aunque los está llamando no responde ni una voz.
Cuando al fin los encontraron, el rostro traen sin color,
tanta broma y tanta risa nunca en la corte se vio,
tuvo que imponer silencio Mío cid Campeador.
Avergonzados estaban los infantes de Carrión,
gran pesadumbre tenían de aquello que les pasó.

Este fragmento tan conocido del poema es el detonante de la venganza de los infantes de Carrión. Su fuerza expresiva es innegable y muestra dos polos contradictorios: la valentía del Cid, su capacidad para hacer frente a las situaciones más inesperadas o peligrosas; por el contrario, los infantes aparecen como unos peleles, su pavor nos provoca la misma hilaridad que al resto de personajes: su cobardía los hace indignos. Se han emparentado con el Cid, un personaje noble de corazón, valiente y habilidoso, mientras que ellos, pertenecientes a la alta nobleza son embaucadores, traicioneros y cobardes.
La escena es simple: mientras el Cid duerme, un león se escapa de la jaula y provoca el espanto entre los comensales. La mesnada del Cid se levanta para proteger a su señor del ataque del león. Mientras ellos se enfrentan al peligro, los infantes se esconden –como unos cobardes-. El Cid se despierta y cuando se da cuenta de lo que está sucediendo se dirige con determinación hacia el león, lo coge por el cuello y lo devuelve a su jaula. En ese momento, pregunta por sus yernos, quienes habían huido, despavoridos. Los hombres del Cid no pueden contener las befas. Ante tanto revuelo el Cid impone orden, pero la semilla de la ira ya ha sido sembrada.
El poeta carga las tintas sobre la cobardía de los infantes que contrasta con la actitud del Cid. Es la antesala de la desgracia, la mecha que se desencadenara la afrenta de Corpes, la que nos descubrirá su villanía.
El fragmento se halla modernizado, por tanto, los versos se han regularizado en dieciséis sílabas; debemos, no obstante, recordar que en la versión primigenia era frecuente el anisosilabismo o, lo que es lo mismo, la irregularidad métrica. Todo el fragmento pertenece a la misma tirada y en ella, los versos riman en asonante en –ó.
Entre las características lingüísticas que pueden comentarse, una de las más importantes es la alternancia de tiempos verbales que no sigue ninguna regla específica:
< gritando con grandes voces: <>
También son habituales las llamadas de atención a los oyentes que pretenden que nos fijemos en lo que va a acontecer a continuación: es uno de los momentos álgidos.
<>
Son frecuentes además los diálogos en estilo directo: << ¿Qué es esto, mesnadas? ¿Qué hacéis aquí alrededor?>>. Estos diálogos o alternancia discursiva rompen la monotonía del relato y lo dotan de mayor realismo y teatralidad. Son pinceladas precisas que el autor utiliza con maestría; pues, en otras ocasiones, el diálogo es velado y la escena se resume: de forma que lo que aparece velado u oculto sea imaginado, sobreentendido por el oyente.
El estilo del autor –muy sencillo, en apariencia- nos muestra, no obstante- algunos rasgos que evidencian la capacidad narrativa del autor, como el epíteto épico -<> que sirven para identificar al héroe y resaltar sus cualidades o la alternancia de acciones, que facilitan la reiteración de ideas, contribuyendo a la unidad de significado:
Pero Fernando González, el infante de Carrión,
metióse bajo el escaño, tan grande era su terror.
El otro, Diego González, por la puerta se escapó,
Gritando con grandes voces: <>.
El carácter hiperbólico de algunos fragmentos es evidente, como puede verse –por ejemplo- en la bimembración <>.

El romancero
Es una de las manifestaciones de poesía tradicional más importante, conservada hasta nuestros días en España, América y comunidades de origen español (los sefardíes).
Romancero viejo: está formado por el conjunto de romances compuestos en los siglos XIV y XV y recogidos a través de las primeras colecciones impresas en el siglo XVI. Los que, a imitación de ellos, fueron escritos por poetas cultos en los siglos XVI y XVII, se conocen con el nombre de Romancero nuevo.
Origen: los romances fueron fragmentos aislados de los cantares de gesta que, por su especial dramatismo o emoción, se cantaban como poemas independientes, transmitiéndose así oralmente de generación en generación. Más tarde, estos fragmentos constituyen un género propio, el del romance, utilizado por los juglares para toda clase de temas. Épicos, líricos, etc. Otras teorías sostienen, en cambio, que los romances son anteriores a los cantares de gesta, basándose en que los más antiguos no tienen carácter épico sino lírico o novelesco.
Forma: Versos octosílabos, con la misma rima asonante en los pares y sueltos en los impares. Los versos se disponen en tiradas o series, sin formar estrofas. (Para algunos esta forma métrica es producto de la división del verso épico asonantado de dieciséis sílabas en dos hemistiquios de ocho).
Características:
a) Transmisión oral: lo que explica que no se conozca el nombre de sus autores. Todos los romances son anónimos y existen diversas versiones del mismo tema.
b) Mezcla de narración y diálogo.
c) Fragmentarismo narrativo: el romance se centra en un momento determinado de la acción, interrumpiéndose antes del desenlace. Lo que significa que muchas veces el final no aparece y el poema queda incompleto.
d) Repetición de fórmulas expresivas, especialmente para llamar la atención del público (bien oiréis lo que decía).
e) Sencillez de recursos.

Clasificación:
Romances de tema épico-nacional. Se inspiran en hechos y personajes de la poesía épica: don Rodrigo (el rey don Rodrigo y la pérdida de España), el Cid (En Santa Gadea de Burgos), los infantes de Lara (Romance de como Mudarra vengó a sus hermanos), Fernán González, Bernardo del Carpio, etc.
Romances históricos. Sobre sucesos recientes. Destacan los llamados fronterizos. Narraban los sucesos ocurridos en la frontera, es decir, en el frente de la Reconquista contra los árabes ( Alora, la bien cercada, Abenamar, Abenamar).
Romances novelescos y líricos: de tema sentimental, amoroso o caballeresco: el Conde Arlando, Fonte Frida, fonte Frida, Romance de la Infantida, Romance del prisionero, etc.
Romance de Fontefrida
Fontefrida, Fontefrida,
Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación,
si no es la tortolica
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar
el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía
llenas son de traición;
-Si tu quisieses, señora,
yo sería tu servidor.
Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,
ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara,
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,
porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos,
ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo,
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga
ni casar contigo, no.

Tema
En este romance el tema es la fidelidad en el amor (representada por la tortolica) frente al deseo amoroso (cuyo artífice es el ruiseñor). Las dos actitudes son contrapuestas y aparecen encarnadas en dos animales, siguiendo una antigua tradición de la Antigüedad y de la Edad Media, que se remonta a las fábulas de Esopo y que identifica a determinados animales con ciertas cualidades positivas o negativas.
En cuanto a la estructura aparecen dos partes: los diez primeros versos representan la voz del poeta-narrador, que nos presenta a los personajes y los sitúa en el marco primaveral de la fuente. Los dieciséis últimos versos contienen el diálogo en estilo directo de las dos aves simbólicas. Primero aparece la intervención del ruiseñor que hace su propuesta amorosa con celeridad (apenas dos versos). Seguidamente encontramos la respuesta de la viuda fiel y solitaria, su voluntad inquebrantable de no aceptar ni sus requiebros amorosos ni su propuesta de matrimonio. La tortolica le responde utilizando otros símbolos de su luto por el marido muerto: no posar en ramo verde, ni en prado que tenga flor, o enturbiar el agua que ha de beber.
Personajes y escenario
La tórtola representa a una viuda que mantiene su amor al esposo, incluso después de que éste falleciera. El ruiseñor representa al hombre seductor, al donjuán que aprovecha la llegada de la primavera para tratar de conquistar a la viuda. La fuente (Fontefrida) conserva el simbolismo habitual de los poemas medievales: es el lugar idóneo para el amor, el paraje para fertilizar los sentimientos eróticos.
Finalmente atendemos a la métrica y el lenguaje empleado. Como romance, el texto es presentado mediante versos octosílabos que riman en asonante los pares; en este caso, la sílaba tónica es la vocal o. En cuanto los recursos retóricos más significativos destacan –como suele habitual- las repeticiones (Fontefrida, Fontefrida), las enumeraciones con profusión de adjetivos de tonalidad negativa (triste enemigo,/ malo, falso, mal traidor), y las estructuras paralelísticas (ni poso en ramo verde, / ni en prado que tenga flor). Todos ellos contribuyen a afianzar la determinación del personaje de la tortolica.
También puedes probar con el famoso "Romance del enamorado y la muerte". Transforma esta tristísima historia en un texto narrativo. En este caso, te aconsejo que utilices la primera persona narrativa, para conseguir mayor fuerza expresiva.

Romance del enamorado y la muerte

Un sueño soñaba anoche,

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca

muy más que la nieve fría

¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

-No soy el amor, amante:

la muerte que Dios te envía.

-¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

-Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

Muy de prisa se calzaba

más de prisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

-¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!

-¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue a palacio,

mi madre no está dormida.

-Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

La Muerte me está buscando,

junto a vida sería.

-Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

Te echaré cordón de seda,

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzase,

mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:

-Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

Dos de los romances que se recitarán en la sesión: La doncella guerrera, y el Romance del Conde Niño.
ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA

En Sevilla a un sevillano
siete hijas le dio Dios,
todas siete fueron hembras
y ninguna fue varón.

A la más chiquita de ellas
le llevó la inclinación
de ir a servir a la guerra
vestidita de varón.

Al montar en el caballo
la espada se le cayó;
por decir, maldita sea,
dijo: maldita sea yo.

El Rey que la estaba oyendo,
de amores se cautivó,
—Madre los ojos de Marcos
son de hembra, no de varón.
—Convídala tú, hijo mío,
a los rios a nadar,
que si ella fuese hembra
no se querrá desnudar.

Toditos los caballeros
se empiezan a desnudar,
y el caballero Don Marcos
se ha retirado a llorar.

Por qué llora Vd. Don Marcos
por qué debo de llorar,
por un falso testimonio
que me quieren levantar.

No llores alma querida
no llores mi corazón,
que eso que tú tanto sientes,
eso lo deseo yo.

Romance del conde Niño

Conde Niño por amores
es niño y pasó a la mar
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras su caballo bebe,
él canta dulce cantar :
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está :
- levantáos Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar,
- No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño
que por mi quiere finar.
- Si por tus amores pena,
¡oh, mal haya su cantar!
y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
- Si le manda matar madre,
juntos nos han de enterrar.
El murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar ;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar ;
a él, como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació una rosal blanco,
de él nació un espino albar ;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina llena de envidia
ambos los mandó cortar ;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.
Anónimo

Transforma el Romance del conde Olinos o Conde niño en un texto narrativo
Transforma el romance del conde Olinos en un texto narrativo.
El Conde Olinos
Erase una vez una reina que había perdido la voz. Todo el reino se preguntaba por qué, después de la fatídica muerte de su hija, ella había perdido la voz, por qué nunca más se había oído el sonido cortante de sus palabras. Ninguno de sus sirvientes había vuelto a palidecer después de sentir esos sonidos estridentes que escupía su boca. Ella parecía impasible ante el paso de los días y más de uno la había visto llorar, mientras miraba por la ventana de su alcoba.
<<Aún me acuerdo de ellos. Siempre tan enamorados, aún recuerdo aquellas tiernas flores que corté, por culpa de un arrebato de ira>>
Ella, esa paloma; él, el fuerte gavilán.
Él murió a media noche; mi hija, cuando los gallos comenzaron a cantar.
< La reina no podía borrar aquel dulce momento que ella había quebrado, cuando el conde Olinos se detenía cerca de palacio y cantaba con aquella dulce voz, para que su hija lo escuchase. No los dejé casarse. ¡Demasiado tarde para rectificar!
Así seguía el curso de sus tristes pensamientos. La llaga del tiempo se abría y el abismo de su corazón era como un pantano de arenas movedizas. ¡Cuán insensatas sus manos!¡Cuán dolorosos los recuerdos!
Ella misma cavó sus tumbas, ella los estranguló con sus propias manos, secó las raíces de sus sueños. Pero aquella mañana… El sol parecía sonreírle, parecía llamarla a través del cristal de la ventana. La reina la abrió y dejó que sus rayos la acariciaran. Entonces lo vio, el gavilán bajó majestuoso y se posó en el alfeizar de la ventana. Sus ojos negros le recordaron otros, tan hermosos, tan altivos.
-¡Conde!- casi chilló.
Ni siquiera pudo contestar. Una paloma cayó en picado y se posó en su mano. Su pico apenas le rozó las yemas de los dedos. El corazón le dio un vuelco.
-¡Hija! ¡Hija mía! Quiso llamarla con todas sus fuerzas, quiso pedirle perdón, pero la vergüenza le atenazó la garganta, hasta asfixiarla. Su propia crueldad selló sus labios para siempre. Desde aquella mañana ni una sola palabra volvió a salir de sus labios, ninguna orden volvió a sesgar el aire como un cuchillo afilado, ninguna orden volvió a herir el dulce canto de los enamorados.
Pablo Picazo. 2º B


Más allá del amor
Erase una vez un conde, conocido como el conde Olinos, que paseaba junto a su caballo por la orilla del mar, la mañana de San Juan.
Mientras disfrutaba del paisaje, empezó a cantar una voz tan dulce que la propia reina se paró a escucharlo, creyendo que era el dulce canto de una sirena. Fue la propia princesa la que confesó la verdad: era la voz de su gran amor, la triste pena de su enamorado.
Cuando la reina escuchó lo que la hija dijo; ella le comunicó que, puesto que no tenía sangre real, su amor era imposible. Nunca podrían unirse en matrimonio, lo mandaría matar por su atrevimiento.
Aunque la princesa suplicó, la madre no quiso escucharla. Encerró a su hija en la torre más alta del castillo y ejecutó su insensible orden. El conde murió a la media noche y al día siguiente, cuando los gallos empezaron a cantar, la primogénita murió, ante la consternación de la reina.
Como ella era de sangre real, la enterraron en el altar y a él, lo enterraron unos pasos más atrás, puesto que era hijo de condes.
Después de un tiempo, de la princesa nació una rosa y del conde, un tulipán. La reina mandó cortar las flores, porque estaba celosa. Finalmente, como el amor supero la maldad de la reina, volvieron a nacer de la princesa, una paloma y del Conde, un gavilán. Ambos surcaron el cielo, y día a día fueron creando un sendero de palabras, bellas palabras que ninguna espada pudiera sesgar.
Robert, 1º E

 

ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

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