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Luces de bohemia. Típicas preguntas de selectividad

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Típicas preguntas de Selectividad sobre Luces de bohemia.

1. Evolución de la obra de Valle-Inclán. Justifica la inclusión de Luces de bohemia.
2. Luces de bohemia en el contexto histórico y literario de su época.
3. Características del esperpento y su reflejo en Luces de bohemia.
4. Luces de bohemia y la realidad político-social.
5. Modernismo y 98 en Luces de bohemia.
6. Los personajes de Max Estrella y don Latino en Luces de bohemia.
7. Luces de bohemia: Estética y temas.


EN LA ETAPA QUE LE CORRESPONDA
1. Evolución de la obra de Valle-Inclán. Justifica la inclusión de Luces de bohemia.

Ramón María del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 1866 - Santiago de Compostela,
1936) es uno de los autores más controvertidos, rigurosos, extravagantes y geniales que ha dado nuestra literatura. Valle, cuya vida excéntrica y aventurera se desarrolla entre Galicia, Madrid e Hispanoamérica, inicia los estudios de derecho pero no los termina. Es famoso por su vida bohemia y por su apariencia estrafalaria (poseía una barba muy larga y utilizaba quevedos). Ideológicamente, evolucionó desde una postura tradicionalista (carlismo) a posturas mucho más críticas y comprometidas con su tiempo, tal como se aprecia en su primer esperpento.

Su obra recorre con acierto poesía (La pipa de Kif), la novela (Tirano Banderas) y sobre todo, el teatro, género en el que alcanza sus mayores logros: La marquesa Rosalinda, Comedias Bárbaras, Martes de carnaval, Luces de bohemia... Es en sus piezas teatrales donde hallamos a un escritor vanguardista que se caracteriza por su afán de renovar la dramaturgia española, tanto en su concepción de lo escénico como en la incorporación de elementos narrativos e incluso cinematográficos. Este hecho puede observarse, por ejemplo, en las acotaciones: la referencia al ratón que asoma el hocico, la lágrima sobre el rostro o el brillo del clavo.

1. Valle-Inclán inició su trayectoria literaria en el Modernismo. De hecho, sus Sonatas (Sonata de otoño, Sonata de estío, Sonata de primavera, Sonata de invierno (1902-1905), en las que se recogen las memorias del marqués de Bradomín, “un don Juan, feo, católico y sentimental”. Se trata de obras llenas de aventuras y episodios amorosos, que evocan un mundo decadente, narrado con una insuperable prosa modernista. A esta etapa también pertenecen sus primeras producciones teatrales: Tragedia de ensueño y El yelmo de las almas.

2. Su segunda etapa, la de transición (1907-1909), comienza con las Comedias bárbaras , obras míticas donde aparecen extraños personajes tiránicos, violentos o tarados. Se trata de un "canto" a un mundo (el de la Galicia feudal) en descomposición. Esta trilogía, formada por Águila de blasón, Romance de Lobos y Cara de plata, es difícilmente representable debido a su gran longitud, a los cambios rapidísimos de escenario y a las extensas acotaciones escénicas. Es más: para algunos críticos, las Comedias bárbaras constituyen novelas dialogadas que mantienen un escaso vínculo con el género teatral. Estas obras presentan como protagonista a un personaje de trazo shakesperiano, don Juan de Montenegro, hidalgo brutal, poco generoso y leal, que representa los valores arcaicos y feudales de una sociedad que se descompone, víctima de sus pasiones y corrompida por la violencia y el dinero; lo matan sus propios hijos que ya no comparten los valores que defiende su padre. Junto a esta trilogía dramática, Valle escribe una trilogía de novelas sobre las guerras carlistas (1908-1909): Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño. En ellas Valle contrasta el heroísmo romántico con los horrores de la guerra.


3. Durante su tercera etapa, la del distanciamiento artificioso (1910-1920), Valle escribe
obras teatrales, en su mayor parte en verso. Sin embargo, son totalmente diferentes del teatro poético modernista de la época. Se trata de experimentos dramáticos donde el autor crea un mundo artificioso, muy literario y estilizado: La marquesa Rosalinda o La cabeza del dragón son algunas de las piezas que compuso durante estos años. De esta época sería también la obra Divinas palabras, “una tragicomedia de aldea”, un drama ambientado en el mundo rural y sórdido, donde están presentes las pasiones, el odio, la avaricia; pasiones que con un dinamismo casi cinematográfico juegan una danza de la muerte y el horror y todo ello con un lenguaje desgarrado. Es esta una de sus cimas teatrales.

4. Su última etapa, la más lograda, es la de los esperpentos. En ella sobresalen Luces de bohemia bohemia (1920) y la trilogía Martes de carnaval, integrada por Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927).

Valle acuña el término esperpento para referirse a unas obras creadas con una estética personal y renovadora. Mediante esta técnica, el autor muestra con óptica deformante
la realidad para censurar y parodiar la decadente situación nacional. Su intención es llegar a una “superación del dolor y de la risa” y mostrar lo absurdo, el “sentido trágico” y su disconformidad con la vida española de su tiempo, lo que lo aproxima a las preocupaciones de los noventayochistas.

Luces de bohemia, efectivamente, se basa en la distorsión de la realidad y en la parodia
de los modelos clásicos, así como en la creación de un lenguaje donde lo sublime y lo vulgar conviven en partes iguales. Max Estrella, ciego como Homero, emprende una particular odisea que no se desarrolla en los míticos escenarios clásicos, sino en los espacios más sórdidos de una nación sumida en la miseria física y moral. Y es que, como afirma el propio Max, "España es una deformación grotesca de la civilización europea".

La presencia insistente de la muerte, el empleo de animalizaciones, cosificaciones o
muñequizaciones, los frecuentes contrastes y reducciones al absurdo, los intencionados
claroscuros o los reiterados anacronismos que impiden situar la acción en un momento
histórico concreto serían, igualmente, otros rasgos que aproximarían esta obra capital al mundo del esperpento. Por todos estos motivos, el teatro de Valle-Inclán tuvo una mala difusión en los circuitos comerciales. En realidad, Luces de Bohemia, sátira nacional de la política, sociedad y religión, no pudo estrenarse en España hasta el año 1970.

En esta última etapa también escribe novelas, cercanas a los roles del esperpento. Entre ellas destaca Tirano Banderas (1926), novela sobre un inventado dictador americano, y cuyo mayor logro es el lenguaje, un lenguaje que ejercerá gran influencia en el florecimiento de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo. Destacamos también la trilogía El ruedo ibérico, sátira política sobre el reinado de Isabel II, que incluye: La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas (1932).


2.Luces de bohemia en el contexto histórico y literario de su época.

Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) inicia su carrera literaria tras el denominado
desastre del 98, fecha de la pérdida de las últimas colonias españolas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico). España era en aquel tiempo un país rural, con una industrialización creciente en focos alejados del poder político (Cataluña y Euskadi), unos salarios terriblemente bajos, unos altos niveles de analfabetismo y una gran conflictividad social a los que el régimen político de la Restauración ya no sabía dar respuesta. Un sistema que duró más de cincuenta años y que se caracterizaba por la alternancia pacífica en el poder de los dos partidos mayoritarios, el liberal y el conservador.

 Se trataba de un régimen que acabó produciendo un sistema corrupto y caciquil donde el incipiente movimiento obrero no va a tener fácil la entrada y donde el fraude electoral era lo más recurrente. Ante un estado incapaz de actuar, la Monarquía promueve el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Sin embargo, el cambio no sirve para regenerar el panorama político y social, y el fin de la dictadura arrastra a la monarquía, proclamándose en 1931 la II República. 


Luces de bohemia apareció publicada por entregas en la revista España en 1920, aunque la obra no se completará hasta el año 1924. Será entonces cuando Valle la edite en un volumen especial en el que se realizaron numerosos cambios, supresiones y adiciones que dotaron a esta pieza teatral de mayor intensidad, sobre todo en los aspectos de denuncia social y política.

En esta obra, Valle-Inclán nos aproxima a la vida bohemia, tema de muchas
producciones literarias y de otras artes. La bohemia había sido para muchos artistas de Fin de Siglo más que un simple modo de vivir: fue una forma de entender el arte y la vida; fue una época heroica, donde con orgullo aristocrático se confinaba el Arte al mundo de la Belleza. Ese es el mundo de Max, pero este mundo en 1920 ya no tiene sentido. Luces de bohemia es, pues, una particular elegía de este universo ya consumado.
Desde el punto de vista literario, Valle-Inclán es una mezcla de modernismo, de
vanguardismo y de preocupación noventayochista. En este sentido, Luces de bohemia es una obra excepcional de un ser excepcional que escapa a toda clasificación.

El esperpento de Valle convive con otras muchas fórmulas de hacer teatro:
Resumimos brevemente las características y obras del momento. Tres grandes corrientes son las que triunfan:

1. La comedia burguesa de Jacinto Benavente (Madrid, 1866-1954). Azorín llegó a incluirlo en la Generación del 98, por sus inicios críticos en la obra El nido ajeno (1894), pero pronto se apartó de estas ideas críticas y derivó hacia la “comedia de salón”, teatro de clases altas, como en La noche del sábado (1903) o Rosas de otoño (1905). En cambio, Los intereses creados (1907), es una farsa que utiliza elementos de la “commedia dell´arte” para hacer una crítica a la burguesía. Cultivó también el drama rural: La Malquerida (1913). En 1922 se le concedió el premio Nobel. Benavente, a pesar de su escaso sentido crítico, destacó sobre todo porque supo acabar con el teatro grandilocuente del romanticismo tardío, introdujo nuevos decorados en las obras y supo cómo dosificar la intriga con maestría.


2. El teatro en verso, en parte heredero del Siglo de Oro, con tintes neorrománticos y rasgos formales que proceden del modernismo, pero con orientación tradicionalista. –Se trata de una fórmula ideológicamente conservadora que pretende cantar las glorias y pérdidas de la España imperial. Tiene como representantes a Eduardo Marquina (1879-1946), cuya mejor obra es En Flandes se ha puesto el sol (1910). También podríamos incluir a los hermanos Machado: Don Juan de Mañara o La Lola se va a los puertos. Finalmente no podemos olvidarnos de la trayectoria de Francisco Villaespasa (1877-1936), cuyas obras abordan temas historicistas y exaltadores de la tradición como El alcázar de las perlas (1911) o La leona de Castilla (1916).

3. En tercer lugar encontramos un teatro cómico escrito para entretener al público, mediante un humor facilón y burlesco, lleno de sinsentidos y de juegos de palabras. Entre sus representantes se hallan: Carlos Arniches (La señorita de Trevélez, 1916), los hermanos Quintero (Las de Caín, 1908) y Pedro Muñoz Seca, inventor de un nuevo género: el astracán (La venganza de don Mendo, 1918), conocida parodia de los dramas románticos en verso.

 4. Finalmente, durante esta época surgen distintos intentos de renovación teatral. Y es ahí donde juegan un papel importante los autores del 98 y del 27. Dentro del 98 destacan autores como Unamuno (Fedra, 1911; El otro, 1927), Azorín (Lo invisible, 1928; Angelita, 1930); Gómez de la Serna (La utopía, El laberinto, Teatro en soledad, 1909-1912); Los medios seres, 1927). En cuanto a la trayectoria de la generación del 27, destacamos a su autor más representativos, Lorca, con sus tragedias (Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba y Yerma), entre otras. También podrías destacarse la trayectoria de Pedro Salinas (Judith y el tirano, El dictador) o la de Alberti (El hombre deshabitado).

Valle irrumpe en este panorama con gran fuerza regeneradora. Su teatro se opone al anterior, al romántico o al naturalista, proponiendo un distanciamiento crítico frente a la emoción, oponiendo lo dramático a lo épico o narrativo, y el estudio de la problemática social a los problemas individualistas. El esperpento se inserta en las mejores corrientes europeas y de ahí que se le considere un referente del teatro expresionista (Ernst Toller) y un antecedente de autores del periodo de entreguerras, con las propuestas renovadas polarizadas en torno a Bertold Brecht, con su teatro de orientación político-social y sus técnicas de distanciamiento y Antonin Artaud y su teatro ceremonial, que intentó integrar todas las artes y constituirse en un teatro total.

3. Características del esperpento y su reflejo en Luces de bohemia.

 Luces de bohemia, publicada en 1920 en la revista España, es la primera obra que el 

propio autor califica como esperpento, un género creado por Valle-Inclán que consiste
en distorsionar sistemáticamente nuestro entorno para poder expresar lo trágico, lo grotesco y lo absurdo de la vida española. Se trata de una técnica que no es exclusiva del teatro valleinclanesco, ya que existe una importante tradición artística que degrada la realidad. Así se aprecia en los cuadros de Goya o El Bosco, en algunos poemas de Quevedo o en el cine expresionista alemán de los años veinte.

El esperpento de Valle no es solo un género literario, sino una estética y, en
consecuencia, una visión del mundo a la que llega el escritor desde unas concretas circunstancias históricas españolas. Dicha estética supone una deformación o descoyuntamiento de la realidad, única manera de reflejar críticamente el entorno.
Valle-Inclán teoriza sobre el esperpento en la escena XII de Luces de bohemia. En ella
asegura que "los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento" y que "el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada".

Para conseguir dicho objetivo, Valle emplea múltiples procedimientos, entre los que
destacamos la ridiculización de la realidad. Si la naturaleza del esperpento es crear una
antitragedia, Luces de bohemia es un ejemplo paradigmático. Los personajes se enfrentan, ciertamente, a un destino trágico, pero el distanciamiento del autor nos lo muestra como algo grotesco. En este esperpento asistimos a un enorme drama a nivel colectivo (la situación social española) y a nivel individual (la muerte de Max y el suicidio de su mujer y su hija), pero estos hechos aparecen como ridículos debido a los personajes que les dan vida. Es más: la muerte de Max es grotesca. No hay nada solemne en su fallecimiento, y mucho menos en su velatorio.
Max agoniza en la calle, sus últimos momentos son una parodia y su velatorio, una burla risible y cruel. Además, no es su muerte la que cierra la obra, como en la tragedia clásica, sino que, para mayor escarnio, esta concluye con las palabras de un borracho ("Cráneo previlegiado").

 La estética del esperpento también se alcanza por medio de la degradación de los 

personajes, que son presentados como seres caricaturescos o como "enanos que juegan una tragedia", reproduciendo las palabras del propio autor. Esta degradación se manifiesta, fundamentalmente, a través de tres recursos estilísticos: la animalización ("La Pisa Bien se apresura a echarle la zarpa"), la cosificación ("se mueve el bulto de un hombre") y la muñequización (sirva como ejemplo la escena segunda, en la que don Latino y Zaratustra engañan a Max con la venta de los libros, transformando de este modo al propio protagonista en un fantoche).

Por otra parte, la literaturización —consistente en la inclusión de gran cantidad de citas
y referencias literarias— se utiliza como un recurso más de deformación. Así, el género épico se nos presenta desfigurado: Max es ciego como Homero y su peregrinación por el Madrid bohemio y nocturno nos evoca la odisea que realiza Ulises desde Troya a Ítaca. Incluyo hay quien habla de la bajada a los infiernos de la Divina Comedia de Dante. También es a la luz de la literaturización como entendemos la escena del cementerio (XIV): se trata de una parodia del entierro de Ofelia en Hamlet, de Shakespeare.

Además, en la obra de Valle-Inclán encontramos:
a) Referencias a la Divina comedia, donde Max es acompañado por Don Latino en un viaje por las calles de Madrid que recuerda al de Dante, acompañado por Virgilio.
b) Reminiscencias al Lazarillo de Tormes y al Quijote, en la figura de los dos protagonistas.

Otro importante recurso esperpentizador es la asombrosa variedad de registros
empleados en los diálogos; una variedad que no solo sirve para caracterizar a los personajes, sino también para parodiarlos o criticarlos. Subrayamos, por un lado, el uso de un lenguaje pedante y cursi propio de los modernistas, y por otro, la jerga vulgar de las bajas clases sociales, quienes emplean términos como "cuála" o "previlegiado". Incluso se aprecia en Luces de bohemia la combinación de cultismos y gitanismos en una misma intervención, lo que evidencia ese empleo de contrastes tan peculiar de la estética valleinclanesca ("Yo también chanelo el 'sermo vulgaris'").
Este contraste o paradoja ya se percibe desde el mismo título, cuidadosamente
escogido por el autor. Por un lado, Valle juega con la luz, con el brillo de una época modernista en decadencia; pero por otro lado, la peregrinación bohemia de los protagonistas transcurre por un Madrid nocturno alumbrado artificialmente con velas, candiles y lámparas. Se trata, en efecto, de un intencionado claroscuro con el que aspira a degradar la realidad.

El esperpento, asimismo, se caracteriza por fusionar novela y teatro. Esta indefinición
de géneros se hace patente en la función de las acotaciones, que son muy extensas, tienen un excepcional valor literario y están escritas imitando las intervenciones de un narrador omnisciente. Con ellas se describen —gracias a una pirotecnia verbal sin parangón—personajes y ambientes diversos.

Finalmente, en Luces de bohemia se acumulan de manera intencionada hechos y
referencias históricas en un confuso anacronismo. Es decir, aunque la obra nos sitúa alrededor de 1920, su trama temporal se teje con personajes y acontecimientos que no pudieron coincidir en el tiempo. De esta forma, la alusión a las últimas colonias españolas (1898), la mención a la Semana Trágica de Barcelona (1909), los comentarios sobre la Revolución rusa (1917), la coexistencia de modernistas y ultraístas o las referencias a la ley de fugas (1921) serían sucesos temporalmente anacrónicos que servirían a Valle-Inclán para producir el efecto deformador que pretende. Esta condensación del tiempo no es casual, sino que constituye un caso más de distanciamiento y permite explicar todo un periodo, desvelar la esencia de una
sociedad.


En conclusión, mediante la técnica del esperpento, Ramón María del Valle-Inclán
muestra con óptica deformante la realidad para censurar y parodiar la decadente situación nacional. Nos hallamos, pues, ante la vertiente más crítica de la Generación del 98.


4. Luces de bohemia y la realidad político-social.


Es difícil situar el año en que transcurre la trama de Luces de bohemia. Y es que la obra
acumula de manera intencionada hechos y referencias históricas en un confuso anacronismo, lo cual nos impide ubicar la acción de esta pieza teatral en un tiempo histórico concreto. De esta forma, la alusión a las últimas colonias españolas (1898), la mención a la Semana Trágica de Barcelona (1909), los comentarios sobre la Revolución rusa (1917), la coexistencia de modernistas y ultraístas o las referencias a la ley de fugas (1921) serían sucesos temporalmente anacrónicos que servirían a Valle-Inclán para producir el efecto deformador que pretende. Esta confusión cronológica no es casual, sino que constituye un caso más de distanciamiento y permite explicar todo un periodo, desvelar la esencia de una sociedad.

Luces de bohemia, primer esperpento valleinclanesco publicado en 1920 en la revista
España, retrata el estado de degradación del sistema político nacido en 1875 con la Restauración, un sistema que duró más de cincuenta años y que se caracterizaba por la alternancia pacífica en el poder de los dos partidos mayoritarios, el liberal y el conservador. Se trataba de un régimen que acabó produciendo un sistema corrupto y caciquil donde el incipiente movimiento obrero no va a tener fácil la entrada y donde el fraude electoral era lo más recurrente.


La acumulación desproporcionada de la propiedad de la tierra en manos de unos pocos
propietarios latifundistas así como los bajos salarios van a provocar episodios de violencia reprimidos duramente por la autoridad, tal como sucedió durante la Semana Trágica de Barcelona en 1909. Los trabajadores inician su proceso de organización alrededor de dos polos ideológicos: el anarquismo de la CNT y el socialismo, simbolizado por las Casas del Pueblo del PSOE. En este contexto, los obreros recurrirán en ocasiones a la violencia para luchar por sus derechos, una violencia que aparece reflejada en Luces de bohemia en el preso catalán o en los disturbios callejeros con los que se encuentran Max Estrella y don Latino.

Cataluña y Madrid vivirán en 1919 varias huelgas reprimidas con dureza por las tropas,
unas movilizaciones que también se trasladan al campo. Y es que la Revolución Rusa de 1917 había dado a los trabajadores de todo el mundo el impulso moral para luchar por sus derechos. La patronal reaccionó ante el levantamiento obrero de forma contundente (cierre de fábricas, no contratar a obreros sindicados...). Incluso, acusando de blando al gobierno, no solo inició la guerra sucia con el pistolerismo blanco (asesinos a sueldo contratados para eliminar a dirigentes sindicales), sino que también creó sindicatos libres y asociaciones cívicas (como Acción Ciudadana, citada en Luces de bohemia) que empleaban la violencia armada contra los obreros y ayudaban a la policía en la represión de las manifestaciones.

En 1921 se aprueba la Ley de fugas, que permitía a las fuerzas del orden fusilar
directamente, sin juicio previo, a cualquier preso acusado de haber intentado huir. Así muere el obrero anarquista, compañero de Max en prisión en la escena sexta, que fue añadida por el dramaturgo en 1924.

 Todo este ambiente de corrupción e ineficacia política se refleja en el esperpento de 

Valle en las alusiones a Maura —político conservador cuya impopularidad durante estos años era enorme—, a Alfonso XIII —rey de España hasta la proclamación en el 31 de la Segunda República, del que el autor no tenía muy buena opinión— y a los burócratas corruptos, como el Ministro de la Gobernación, Dieguito o Serafín el Bonito.

Pero la conflictividad social no es la única referencia a la realidad en Luces de bohemia.
También podemos hallar menciones religiosas. Es cierto que apenas hay críticas directas a la jerarquía y su papel de cómplice de la clase política, pero Max clama por una “religión nueva” que debe regenerar España. Tal vez por eso bautiza al preso catalán —que se llama Mateo (por Mateo Morral, el anarquista que atentó contra Alfonso XIII)— como Saulo (el apóstol San Pablo, piedra fundamental en la expansión de la Iglesia primitiva).

En síntesis, Luces de bohemia manifiesta una honda disconformidad con la España de la época y contiene un duro ataque a la realidad española. Nadie se libra de la crítica: gobierno, empresarios, fuerzas del orden e incluso obreros (exceptuando, quizá, el preso catalán y la madre del niño muerto) son retratados como una masa brutal, inculta e incapaz, en consecuencia, de producir la anhelada regeneración de la sociedad española. No en vano, todo ello parece remitirnos a las palabras de Max Estrella: "España es una deformación grotesca de la civilización Europea".

5. Modernismo y 98 en Luces de bohemia.

Luces de bohemia —creación de un autor que tuvo sus inicios poéticos en el modernismo, pero que en líneas generales se considera perteneciente al grupo del 98— ostenta numerosas características de ambas corrientes. Como punto de partida, este esperpento está inspirado en el modernista Alejandro Sawa y por él circulan otros modernistas reales (Rubén Darío o Dorio de Gádex) o ficticios (el resto de poetas que forman el nutrido grupo que sale de la buñolería).


Luces de bohemia, primer esperpento valleinclanesco publicado en 1920 en la revista
España, constituye el adiós definitivo del autor a la estética modernista y a la bohemia
heroica. A través de la identificación entre Max y el escritor romántico francés Víctor Hugo se da por finiquitada la bohemia antiburguesa. El mismo significado de despedida tienen dos acontecimientos más: la presencia de la figura de Rubén Darío, con el que Max evoca el París de Verlaine, y sobre todo, el hecho de ver al marqués de Bradomín (protagonista de las Sonatas) degradado, casi mendicante, aceptando su derrota del brazo de Darío en el entierro de Max.

Valle-Inclán es consciente de que los nuevos tiempos hacen imposible la existencia
superior del artista aristocrático modernista. Ahora lo que tenemos es, por una parte, un golfo buscavidas (don Latino) que poco o nada tiene de heroico, y por otra, una multitud de aficionados, niños de papá que juegan a ser poetas rebeldes y cuyo trabajo será olvidado rápidamente (de hecho, el personaje real que inspira a Dorio de Gádex acabó en el olvido más absoluto). Incluso el propio Max se contagia de la degradación general aceptando el dinero que le ofrece el ministro.

Si la vida bohemia ya no es posible, tampoco lo es la estética modernista que la sustenta. Ese descubrimiento lleva a Max a la proclamación de una nueva técnica (el esperpento) que sea capaz de ofrecer una visión del mundo tanto más cierta cuanto más deformada. El "ciego hiperbólico andaluz" llega a esta conclusión cuando su vida está concluyendo. En este sentido, se le ha comparado con don Quijote, pues ambos emprendieron un viaje por la realidad española (el de Max marcado por la pobreza, el hambre y la degeneración) y ambos percibieron, antes de morir, la sinrazón de su vida anterior. Además, en ambos casos hay una despedida de una forma de vida (la caballería andante y la bohemia) y un rechazo hacia una estética de carácter evasivo (los libros de caballerías y el idealismo modernista).

Por otra parte, Luces de bohemia manifiesta una honda disconformidad con la España
de la época y contiene un duro ataque a la realidad española, lo que la aproxima a las
preocupaciones de los noventayochistas. Nadie se libra de la crítica: gobierno,
empresarios, fuerzas del orden e incluso obreros (exceptuando, quizá, el preso catalán y la madre del niño muerto) son retratados como una masa brutal, inculta e incapaz, en
consecuencia, de producir la anhelada regeneración de la sociedad española. No en vano, todo ello parece remitirnos a las palabras de Max Estrella: "España es una deformación grotesca de la civilización Europea".

También se relaciona con el 98 la renovación literaria experimental que intenta superar
el estancamiento de la comedia burguesa de Jacinto Benavente. Valle-Inclán no duda así en acercarse a modelos teatrales considerados menores, como el sainete o el astracán, trascendiéndolos para crear un nuevo género capaz de expresar las inquietudes del autor y plantear su denuncia.

Serían igualmente propios de los autores de la Generación del 98 el uso predominante
de la prosa, la primacía del diálogo sobre la acción y la recuperación de coloquialismos,
localismos, arcaísmos o gitanismos ("gachó", "chanelo", "beatas", "apoquinar"...). En cambio, la función poética de las acotaciones —en las que encontramos una prosa repleta de sinestesias, personificaciones o ingeniosas metáforas—, la presencia de cultismos o neologismos ("¡Eironeia!") o el cosmopolitismo (manifiesto en las alusiones a París y a Inglaterra, así como en la presencia de personajes extranjeros: madama Collet o Basilio Soulinake) que traslucen las páginas de Luces de bohemia nos permitirían relacionar esta antitragedia con la estética modernista. Este contraste intencionado aproxima aún más si cabe la obra a la esencia del esperpento.

En resumen, debemos entender a Valle-Inclán, una de las grandes figuras de la
literatura española de todos los tiempos, como un autor de síntesis. Si en sus comienzos compartió con Rubén Darío el caudillaje del Modernismo, la muy deplorable realidad de la España de su tiempo provoca que Valle se aproxime a los presupuestos ideológicos reformadores de la Generación del 98.

6. Los personajes de Max Estrella y don Latino en Luces de bohemia.

Luces de bohemia, primer esperpento valleinclanesco publicado en 1920 en la revista
España, es una obra por la que transitan más de cincuenta personajes a los que el propio autor calificó de "enanos o patizambos que juegan una tragedia". Procedentes de diversas clases sociales —poderosos, marginados, bohemios...—, de todos ellos sobresalen los dos principales: Max Estrella y don Latino de Híspalis.

Valle-Inclán elabora los rasgos básicos y biográficos del protagonista de Luces de
bohemia a partir de la figura de Alejandro Sawa, periodista andaluz amigo personal del autor que murió en 1909 y que ha sido considerado como la personificación de la bohemia por parte del vanguardista Ramón Gómez de la Serna. Sus similitudes con Max Estrella son numerosas: ambos eran escritores, estaban casados con mujeres francesas y murieron ciegos, locos y en la más absoluta miseria tras recibir una carta donde se prescindía de sus servicios en el mundo del periodismo.

 En la primera acotación de la obra se presenta a Max como un hombre ciego, en la “hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales”. Su descripción física se detalla en la 

tercera: “su cabeza rizada y ciega, de un gran carácter clásico-arcaico, recuerda los Hermes”.

Nuestro protagonista, descrito en ocasiones como un héroe clásico con inteligencia, ingenio y talento, es un artista frustrado cuya obra no ha obtenido éxito, por lo que no gana lo necesario para poder subsistir. Vive en una sociedad insensible a la obra literaria y se siente superior, tanto intelectual como moralmente, al mundo burgués. Max Estrella se puede entender como un alter ego de Valle-Inclán, dado que sus discursos reflejan muchas de las opiniones, valoraciones y críticas que el autor sostenía sobre la sociedad española.

Max es un personaje extremadamente complejo y lleno de contradicciones. Su ceguera,
que nos recuerda a la de Homero, no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias proferidas por los gobernantes, por lo que se siente profundamente impotente ante la miseria intelectual y moral de España. Sin embargo, su carácter no está exento de incongruencias.


Como hemos afirmado, es crítico y denuncia la tiranía, pero también sucumbe al poder
aceptando una paga del ministro que gastará en champán, mientras su familia sufre
penalidades. Es decir, censura la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia.

Max Estrella podría haber llegado a ser un personaje trágico, pero la sociedad que lo
rodea es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y
absurda. Su degradación se refleja en la muñequización a la que lo somete el propio autor. En este sentido, Max, como si fuese un fantoche o un pelele, es estafado por Zaratustra, engañado por don Latino y encarcelado como un vil delincuente. Incluso su muerte es ridícula, pues será confundida primero con una borrachera y finalmente con una catalepsia.

El protagonista de Luces de bohemia también ha sido identificado con Ulises —su
peregrinación por el Madrid bohemio y nocturno nos evoca la odisea que realiza este desde Troya a Ítaca— y con Cristo —en la obra hay una especie de vía crucis grotesco, con sus "estaciones" y pasión incluidas—. Se le ha comparado, asimismo, con don Quijote, pues ambos emprendieron un viaje por la realidad española (el de Max marcado por la pobreza, el hambre y la degeneración) y ambos percibieron, antes de morir, la sinrazón de su vida anterior. Además, en ambos casos hay una despedida de una forma de vida (la caballería andante y la bohemia) y un rechazo hacia una estética de carácter evasivo (los libros de caballerías y el idealismo modernista).

El habla de Max Estrella merece especial atención, ya que reproduce los rasgos más
marcados de su personalidad: su orgullo se muestra en el constante empleo de sentencias; y su sentimiento de superioridad se manifiesta en el uso de imperativos y de ironía culta con intención provocadora. Asimismo, en él predomina la violencia verbal: se sirve del lenguaje para liberarse de la frustración que le producen su miseria y su ceguera.

En cuando a don Latino de Híspalis, se ha discutido mucho sobre qué personaje real
puede esconderse tras el asiduo acompañante de Mala Estrella. Podría ser cualquiera de los modernistas con los que convivía Alejandro Sawa. De hecho, Sawa solía ir acompañado de un can y, curiosamente, Valle echa mano de los recursos del esperpento para caracterizar a don Latino como un perro.

Este personaje fundamental, vejete asmático y cómico, debe entenderse como un
desdoblamiento del protagonista. Si Max simboliza la bohemia heroica, modernista y rebelde, don Latino es reflejo de la degradación de esta bohemia que ha perdido la pureza de sus ideales y se ha corrompido. Frente a la complejidad y grandeza de Max, don Latino aparece como un fantoche, una caricatura que sirve de contrapunto al protagonista.


Se le puede definir como una persona inmoral, un parásito, un ser ruin y mezquino. No
olvidemos que don Latino estafa a Max —en connivencia con Zaratustra— el dinero de los libros, lo abandona moribundo en el portal de su casa y le roba la cartera y el décimo de lotería premiado, causando sin el menor escrúpulo el suicidio de la mujer y la hija del poeta ciego.

En don Latino llegan al extremo varios de los rasgos más típicamente esperpénticos:
animalización, cosificación, deformación... Se trataría, más que de un héroe, de un personaje de novela picaresca, de un modelo de lucha por la supervivencia.

Según la crítica, este personaje reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de
Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, la de un Sancho Panza que
acompaña a su dueño o la de un Lazarillo engañando a su ciego amo. Incluso es equiparable, en algunos momentos, a la figura del criado "gracioso" típica de la comedia española de los Siglos de Oro.


Resumiendo: en Luces de bohemia encontramos gran cantidad de personajes de
procedencia diversa (inspirados en la vida real, como Max Estrella; de origen literario, como el Marqués de Bradomín; de existencia real, como Rubén Darío; o de ficción, como Pica Lagartos o Enriqueta la Pisa Bien). La estética del esperpento provoca que dichos personajes sean deformados de diversos modos, hasta convertirlos en muchos casos en auténticos fantoches y peleles.


7. Luces de bohemia: Estética y temas.

Luces de bohemia, publicada en 1920 en la revista España, es la primera obra que el
propio autor califica como esperpento, un género creado por Valle-Inclán que consiste en distorsionar sistemáticamente nuestro entorno para poder expresar lo trágico, lo grotesco y lo absurdo de la vida española. Se trata de una técnica que no es exclusiva del teatro valleinclanesco, ya que existe una importante tradición artística que degrada la realidad. Así se aprecia en los cuadros de Goya o El Bosco, en algunos poemas de Quevedo o en el cine expresionista alemán de los años veinte.

En esta obra, Valle-Inclán nos aproxima a la vida bohemia, tema de muchas
producciones literarias y de otras artes. La bohemia había sido para muchos artistas de fin de siglo más que un simple modo de vivir: fue una forma de entender el arte y la vida; fue una época heroica, donde con orgullo aristocrático se confinaba el Arte al mundo de la Belleza. Ese es el mundo de Max, pero este mundo en 1920 ya no tiene sentido. Luces de bohemia es, pues, una particular elegía de este universo ya consumado.

La obra, dividida en quince escenas yuxtapuestas relativamente independientes, es una
parábola trágica y grotesca en la que se resalta la imposibilidad de vivir en una España
deforme, injusta, opresiva y absurda; una España donde no encuentran sitio la pureza, la honestidad o el arte noble, lo cual lleva a Valle a denunciar la situación histórico-social: el hambre, la corrupción política, el fraude electoral, la represión policial... Baste como ejemplo un fragmento de la penúltima escena que demuestra la actualidad del texto valleinclanesco: "En España el mérito no se premia; se premia el robo y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo".

 Pero la conflictividad social no es la única referencia a la realidad en Luces de bohemia. También podemos hallar menciones religiosas. Es cierto que apenas hay críticas directas a la jerarquía y a su papel de cómplice de la clase política, pero Max clama por una “religión nueva” que debe regenerar España. Tal vez por eso bautiza al preso catalán —que se llama Mateo (por Mateo Morral, el anarquista que atentó contra Alfonso XIII)— como Saulo (el apóstol San Pablo, piedra fundamental en la expansión de la Iglesia primitiva). 

Otro asunto trascendental es la muerte. Se trata de un tema que se refleja, sobre todo,
en las llamadas al suicidio de la escena inicial, en las conversaciones que mantiene Max con el preso catalán y Rubén Darío o en el misterioso fallecimiento de Madama Collet y Claudinita al final de la tragedia. Y no hay que olvidar al niño que agoniza en los brazos de esa madre desconsolada o el fusilamiento del obrero anarquista, dos acontecimientos relatados en la escena undécima, añadida por el autor en 1924.

Luces de bohemia, por otra parte, constituye el adiós definitivo de Valle-Inclán a la
estética modernista y a la bohemia heroica. A través de la identificación entre Max y el
escritor romántico francés Víctor Hugo se da por finiquitada la bohemia antiburguesa. El mismo significado de despedida tienen dos acontecimientos más: la presencia de la figura de Rubén Darío, con el que Max evoca el París de Verlaine, y sobre todo, el hecho de ver al marqués de Bradomín (protagonista de las Sonatas) degradado, casi mendicante, aceptando su derrota del brazo de Darío en el entierro de Max.

Pero este esperpento también posee rasgos noventayochistas, como el uso predominante de la prosa, la primacía del diálogo sobre la acción y la recuperación de localismos, arcaísmos o gitanismos ("gachó", "chanelo", "beatas", "apoquinar"...). En cambio, la función poética de las acotaciones —en las que encontramos sinestesias, personificaciones o ingeniosas metáforas—, la presencia de cultismos o neologismos ("¡Eironeia!") o el cosmopolitismo que traslucen las páginas de Luces de bohemia nos permitirían relacionar esta antitragedia con la estética modernista. Este contraste intencionado aproxima aún más si cabe la obra a la esencia del esperpento.

Para concluir, diremos que Luces de bohemia presenta una clara simetría. Las escenas se pueden dividir en dos grupos y ambos se desarrollan en el mismo lapso temporal: doce horas. En las doce primeras escenas tiene lugar el recorrido madrileño del poeta; en las tres últimas, se relata el anticlímax que se forma tras la muerte de Max. La simetría de la obra también se encuentra marcada por las intervenciones del preso catalán, por las referencias a la capa empeñada del protagonista, por las continuas alusiones a la muerte y por la aparición del décimo de lotería, todo lo cual contribuye a dotar el texto de armonía y cohesión.

En resumen, debemos entender a Valle-Inclán, una de las grandes figuras de la literatura española de todos los tiempos, como un autor de síntesis. Si en sus comienzos compartió con Rubén Darío el caudillaje del Modernismo, la muy deplorable realidad de la España de su tiempo provoca que Valle se aproxime a los presupuestos ideológicos reformadores de la Generación del 98.

 

 

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