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LA LEYENDA DE AMBER Y EIDEN

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LA LEYENDA DE AMBER Y EIDEN


Cuenta la leyenda, en un remoto pueblecillo, inalcanzable incluso para los más astutos, una historia que empieza tal y como narraré a continuación:

En este pequeño pueblo vivían una pareja de enamorados: Eiden, un joven apuesto, alto y delgado; y Amber, una muchacha de ojos azules con un largo y bonito cabello trenzado, pero que, muy a su pesar, pertenecían a diferentes clases sociales y por ello tenían que mantener su amor en secreto.


Cada luna llena quedaban en el mismo sitio, lo más apartado posible del pueblo, junto a un hermoso sauce que les daba cobijo en las noches más frías. Allí se ponían al día de todo lo que les ocurría durante la ausencia del otro, pero sobretodo, hablaban de lo mucho que se querían, de sus sueños y aspiraciones. Tal era su amor, que en varias ocasiones habían planteado la posibilidad de marcharse de aquel pueblo, ese que les retenía tan infelices y desgraciados. ‘’ Amber, vayámonos, esta misma noche si quieres. Sólo quiero estar contigo. No me importa nada más’’. Decía Eiden una y otra vez. Sin embargo, Amber conocía el riesgo de aquella huida. Si los descubrían serían castigados muy duramente: por un lado, Amber era una joven pobre sin muchos recursos que ayudaba a su padre como podía. En cambio, Eiden pertenecía a una buena familia con poder en el pueblo e influente en la ciudad, por lo que para su familia se consideraba una deshonra mantener contacto, por mínimo que fuera, con aquellas personas de ‘’clase baja’’


Pero el amor entre Eiden y Amber era tan grande que solo podían pensar el uno en el otro.

Una noche, bajo aquel gran sauce, algo le hizo de repente a Amber cambiar de opinión. Quería irse de allí, junto a Eiden, esa misma noche y empezar una nueva vida juntos donde pudieran ser libres, donde pudieran ser ellos mismos. Y aquel deseo, tan impaciente, pero a la vez tan necesitado, les llevó al error. Fueron descubiertos.

El miedo que sintieron aquella noche fue indescriptible. Los ojos como platos de Eiden no cesaban de mirar a los ojos llorosos de Amber, cuyo rostro, cubierto de lágrimas, no paraba de sollozar.

 

UN TIEMPO DESPUÉS:

La mirada de Amber se cruzó con la de Eiden, pero solo durante un segundo, pues aquel dolor insoportable empezaba a recorrerles todo el cuerpo de nuevo.


Aquella noche fueron acusados de traición y la familia de Eiden, muerta de rabia y vergüenza, llamó al brujo del pueblo, un ermitaño apartado de la sociedad del cual se sabía más bien poco. El hombre les echó una maldición, por la que Amber y Eiden jamás podrían volver a tocarse, ni tan solo mirarse, de lo contrario, un dolor tremendo recorrería de punta a punta sus cuerpos, desde sus cabezas hasta sus pies. Desde aquel momento, sus caminos se vieron separados.

Pasó el tiempo, pero al aprecer este no les ayudó a olvidarse el uno del otro. Se sentían perdidos, y lo peor era que no podían hacer nada. Sin embargo, un día, cansados de la maldición que no les dejaba vivir, vieron clara la solución.

Amber le dejó una nota a Eiden al pasar cerca de él. Cuando el joven la leyó una lágrima surcó su mejilla, a la vez que una triste sonrisa desacorde con sus emociones.

A las doce de aquella noche de luna llena, los jóvenes se dirigiron al sauce, aquel que tan buenos rcuerdos les traía. Cuando llegaron, sus respiraciones se fueron entrecortando paulatinamente hasta quedarse el uno muy cerca del otro. Caminaban con la cabeza gacha, para que la maldición no hiciera efecto todavía. Poco a poco levantaron sus cabezas, y tras una intensa mirada, se fundieron en un largo abrazo. Notaron un dolor agudo que les subía por el pecho y no les dejaba respirar, y que parecía hacerles explotar la cabeza. Pero no les importaba si estaban juntos, ya no. No iban a soltarse por nada del mundo, ni tan siquiera por aquel dolor que parecía cada vez más y más ajeno...
Una sonrisa apareció en los rostros de los enamorados. Acto seguido, todo se volvió negro.


No todas las historias de amor tienen su final feliz. Algunas, como esta, no pueden presumir del ''vivieron felices y comieron perdices''.


PAULA MARIANO AGUILAR 3ºB

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