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Haz una descripción.

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Haz una descripción. Elige, en primer lugar, lo que quieres describir. A continuación decide si tu descripción será dinámica o estática, si adoptarás un punto de vista subjetivo u objetivo. Prácticamente se puede describir todo: un espacio, un objeto, un personaje, una época, etc. Al final tenéis ejemplos de verbos, sustantivos y adjetivos para poder desarrollar el movimiento en la descripción.

Descripción dinámica: Aparece las sensaciones que provocan la niebla en movimiento. 
La niebla se hizo cada vez más roja, más oscura y espesa y dificultaba la luz, hasta que vieron en una noche de color escarlata. Entonces la niebla empezó a soltar una humedad y una lluvia finísima, pulverizada y ligera, de sangre que lo empapaba y lo enrojecía todo. (…) Ya la niebla había tomado un color negro rojizo y se vateaba de azul. El olor agrio y almizclado se iba transformando en otro olor más ligero, como de violetas animales. La luz aumentaba de nuevo y la niebla tomaba un color morado, cárdeno, porque las vetas azules se habían fundido con lo demás. (…) La niebla aclaraba tomando un color rosa azulado, cada vez más claro, hasta que abrió de nuevo, y todo se volvió a ver. El cielo estaba blanco y limpio, y el aire tenía un perfume a tila y rosas blancas. Abajo se veía el sol que se iba con sus nieblas escarlata y carmín. Oscurecía.


Rafael Sánchez Ferlosio, Alfanhuí.


Descripción estática. Se describen las nubes, con diferentes tonalidades, los colores y la apreciación subjetiva del narrador. 
Hay nubes redondas, henchidas de un blanco brillante que destacan en las mañanas de primavera sobre los cielos traslúcidos. Las hay como candelas tenues que se perfilan en un fondo lechoso. Las hay grises sobre una lejanía gris. Las hay de carmín y de oro en los ocasos inacabables, profundamente melancólicos, de las llanuras. Las hay como velloncitos iguales e innumerables, que dejan ver por entre algún claro un pedazo de cielo azul. 
José Martínez Ruiz “Azorín”.


Descripción subjetiva. En este caso se trata de un personaje. 
Otli tenía el pelo corto y erizado, rojo como una zanahoria, y las orejas gachas de soplillo. Era delgado y alto con la piel llena de pecas. Pero estas no eran los graciosos puntitos que con frecuencia caen también en las narices respingonas de las chicas. Otli tenía todo el cuerpo blanco y marrón como perro foxterrier; como si se hubiese puesto cerca de un pintor que pulverizase de parrón una pared blanca. Dos de sus manchas causaban verdadero asombro. Una en el carrillo izquierdo, que parecía África, hasta con El Cario y el cabo de Buena Esperanza. Otra junto al ombligo, a la derecha, del tamaño de la uña del pulgar, en forma de corazón y con un pequeño tallo arriba, en el centro. Igual que el as de picas de la baraja francesa.


Christine Nöstlinger, Filo entra en acción.


Descripción de una época. Cronografía.

 

"Era el mejor de los tiempos y también el peor; la época de la sensatez y de la tontería; era la época de las creencias y, de igual modo, de la incredulidad; era la estación de la Luz, y al mismo tiempo de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; ante nosotros teníamos cuanto se pudiera apetecer, pero tampoco había nada; todos nos encaminábamos directamente al Cielo y, asimismo, seguíamos el camino opuesto.
En una palabra, aquella época era tan semejante a la actual que algunas de sus más ruidosas autoridades insistían en que fuese recibida, para bien o para mal, únicamente en el grado superlativo de la comparación.
Había un rey de enorme mandíbula y una reina de rostro feo que ocupaba el trono de Inglaterra; un rey de quijada también muy desarrollada y una reina de lindo rostro se sentaban en el trono de Francia. Y en ambos países, para los señores que monopolizaban las provisiones de la nación, estaba más claro que el vidrio, que las cosas en general estaban ya firmemente asentadas para siempre.
Francia....andaba con la mayor suavidad cuesta abajo mientras fabricaba papel moneda para gastarlo....se entrena en ocupaciones tan humanas como la de sentenciar a un joven a que le cortaran las manos y le arrancasen la lengua con unas tenazas para ser luego quemado vivo, porque no se había arrodillado en plena lluvia para honrar a una procesión que pasaba a la distancia de una cincuenta o sesenta yardas.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens.

Descripción estática


El desván era grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. (…)Aquí y allá colgaban grandes telas de araña, grandes como hamacas, que se columpiaban suave y fantasmalmente en el aire. De lo alto, donde había un tragaluz, bajaba un resplandor lechoso (…)
Había toda clase de trastos, tumbados o de pie; estantes llenos de archivadores y de legajos no utilizados hacia tiempo, pupitres manchados de tinta y amontonados, un bastidor del que colgaba una docena de mapas antiguos, varias pizarras con la capa negra desconchada, estufas de hierro oxidadas, aparatos gimnásticos inservibles, balones medicinales pinchados y un montón de colchonetas de gimnasia viejas y manchadas, amén de algunos animales disecados, medio comidos por la polilla, entre ellos una gran lechuza, un águila real y un zorro, toda clase de retortas y probetas rajadas, una máquina electrostática, un esqueleto humano que colgaba de una especie de armario de ropa, y muchas cajas y cajones llenos de viejos cuadernos y libros escolares. Bastián se decidió finalmente a hacer habitable el montón de colchonetas viejas. Cuando uno se echaba encima, se sentía como en un sofá. Las arrastró hasta debajo del tragaluz, donde la claridad era mayor. Cerca había, apiladas, unas mantas militares de color gris, desde luego muy polvorientas y rotas, pero plenamente aprovechables. Bastián las cogió. Se quitó el abrigo mojado y lo colgó junto al esqueleto en el ropero. El esqueleto se columpió un poco, pero a Bastián no le daba miedo. Quizá porque estaba acostumbrado a ver en su casa cosas parecidas. Se quitó también las botas empapadas. En calcetines, se sentó al estilo árabe sobre las colchonetas, y, como un indio, se echó las mantas grises por los hombros. junto a él tenía su cartera... y el libro de color cobre.


Michael Ende, La historia interminable

Descripción dinámica. 

En el oscuro comedor vio el ordenado patrón rectangular verde conformado por las tablas de la mesa. Y, moviéndose con suavidad entre ellas, silencioso como un fantasma, salvo por la respiración siseante, había un velocirraptor. (…)
Tim sintió que el silencio era escalofriante.
El velocirraptor medía un metro ochenta de alto, y era muy musculoso, aunque sus fuertes patas y su cola quedaban ocultas por las mesas. Tim sólo le podía ver el fornido torso superior, los dos antebrazos tensamente dispuestos a lo largo del cuerpo, las garras que colgaban. Vio el moteado iridiscente del lomo. El velocirraptor estaba alerta: mientras avanzaba, miraba de un lado a otro volviendo la cabeza con movimientos espasmódicos y bruscos, como los de un ave.
Una gigantesca, silenciosa, ave de rapiña.
El comedor estaba a oscuras pero, en apariencia, el velocirraptor podía ver lo suficiente bien como para esquivar las mesas. Avanzaba sin pausa. (…) Se dirigía hacia él.


Michael Crichton, Jurassic Park.

La señorita Trunchbull. Caricatura. Mágnifica descripción en Matilda

A la mayoría de los directores de escuela los eligen porque reúnen ciertas
cualidades. Comprenden a los niños y se preocupan de lo que es mejor para ellos. Son simpáticos, amables y les interesa profundamente la educación. La señorita Trunchbull no poseía ninguna de estas cualidades y era un misterio cómo había conseguido su puesto.

…Era, sobre todo, una mujerona impresionante. En tiempos pasados fue una famosa atleta y, aún ahora, se apreciaban claramente sus músculos. Se le notaba en el cuello de toro, en sus amplias espaldas, en sus gruesos brazos, en sus vigorosas muñecas y en sus fuertes piernas. Al mirarla, daba la impresión de ser una de esas personas que doblan barras de hierro y desgarran por la mitad guías telefónicas. Su rostro no mostraba nada de bonito ni de alegre. Tenía una barbilla obstinada, boca cruel y ojos pequeños y altaneros. Y por lo que respecta a su atuendo… era, por no decir otra cosa,
extraño. Siempre vestía un guardapolvo de color marrón, ceñido a la cintura en un cinturón ancho de cuero. El cinturón se abrochaba por delante con una enorme hebilla de plata. Los macizos muslos que emergían del guardapolvo los llevaba enfundados en unos impresionantes pantalones de montar de color verde botella, de tela basta de sarga. Los pantalones le llegaban justo por debajo de las rodillas y, de ahí hacia abajo, lucía calcetines verdes con vuelta, que ponían de manifiesto los músculos de sus pantorrillas. Calzaba zapatos de color marrón con lengüetas. En suma, parecía más una excéntrica y sanguinaria aficionada a las monterías que la directora de una bonita escuela.

ROALD DAHL: Matilda

Otra descripción magnífica. En este caso, se trata de una prosopografía clásica, ya que únicamente se describe el aspecto externo del personaje. 
El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiado grandes. Eso era porque Momo no poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaban alrededor de la muñeca. Momo no quería cortarlas porque recordaba, que todavía tenía que crecer, quién sabe si alguna vez volvería a encontrar un chaquetón tan grande, tan práctico y con tantos bolsillos.

Momo, Michael Ende.

Vocabulario sobre el movimiento:
Sustantivos: movimiento, balanceo, actividad, gesto, traslación, llegada, temblor, vibración, sacudida, traqueteo, giro, móvil, salida, huida, arranque, cambio, inquietud, rapidez, arrebato, circulación, maniobra, velocidad, ligereza, disparo, desplazamiento, marcha, lentitud, violencia, evolución, meneo, movilidad, salto, flujo, oscilación, vuelo, descenso, ascenso, alteración, rotación, pausa, reposo, parada, descanso, inactividad, inercia, inmovilidad, parálisis, parón, quietud, calma, sosiego, bloqueo, atasco, colapso, detención, estancamiento.
Adjetivos: rápido, veloz, ligero, móvil, acelerado, retardado, violento, vertiginoso, saltarín, rotatorio, brusco, apremiante, presuroso, apresurado, disparado, embalado, fulminante, galopante, precipitado, urgente, ágil, inestable, mudable, balanceante, oscilante, fluido, inquietante, circulatorio, lento, inmóvil, parado, quieto, estático, fijo, calmoso, pausado, leve, tenue, pesado, torpe, paulatino.
Verbos: sacudir, correr, rodar, mover, volar, agilizar, excitar, movilizar, promover, desplazar, andar, caminar, marchar, empujar, nadar, deslizar, arrastrar, transitar, bambolear, columpiar, mecer, girar, oscilar, balancear, vibrar, temblar, zarandear, reptar, acelerar, mezclar, agitar, remover, parar, paralizar, bloquear, entorpecer, interceptar, obstaculizar, detener, estabilizar, estacionar, fijar, varar, fondear, frenar, reposar, atascar, colapsar, estancar, detener.

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