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Esquema de procedimientos narrativos.

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Seguro que no te hace falta este recordatorio de los procedimientos narrativos más comunes, pero para que refresques tu memoria, aquí tienes un pequeño esquema.

Después de haberle echado un vistazo al esquema, lee con detenimiento estos textos y continúalos, sin que notemos el corte de tijeras.

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Aghata.

 

Esquema de los procedimientos narrativos:

Estilo directo:

Aparece la voz de los personajes a través de sus propias palabras. Cada intervención se considera un párrafo y va precedida por la correspondiente raya.

El narrador utiliza siempre un verbo de habla para introducir la voz del personaje que habla en primera persona.

 

Estilo directo libre:

Aparece la voz del personaje directamente dentro del discurso del narrador.

En este caso no hay verbos de habla ni de pensamiento introduciendo la voz del personaje. Ambos discursos aparecen el uno al lado del otro sin marcas que los diferencien. El personaje habla en primera persona.

Soliloquio:

Aparecen los pensamientos del personaje dentro del discurso del narrador, pero el lector delimita  sus voces porque las reflexiones del personaje van precedidas por un verbo de pensamiento. El personaje se expresa en primera persona.

Estilo indirecto:

Aparece la voz del personaje dentro del discurso del narrador. Pero ambos se distinguen perfectamente porque: la voz del personaje va precedida por un verbo de habla y la conjunción que.  La voz del personaje y la del narrador están en tercera persona.

Estilo indirecto libre:

 Aparecen los pensamientos o la voz del personaje dentro del discurso del narrador, pero ahora no aparecen ni el verbo de habla introductorio ni la conjunción que, para diferenciar ambas voces.

Sin embargo el lector percibe que hay una discordancia, un cambio de tono y de lenguaje entre las palabras del narrador y las palabras del personaje.  Notamos que las palabras del personaje tienen una entonación propia y se presentan como oraciones independientes con respecto al discurso del narrador. Tanto la voz del personaje como la del narrador están en tercera persona.

Monólogo interior o fluir de la conciencia:

Aparecen los pensamientos más íntimos del personaje tal y como surgen en su inconsciente, sin lógica alguna y alterando el espacio y el tiempo. No hay intervención del narrador organizando de forma lógica el pensamiento del personaje, éste se reproduce libremente en el texto.

 

Corrió hacia uno de los árboles bajos: las ráfagas del humo escondían más que esas ramas pelonas. A treinta metros comenzaba un bosque bajo, pero tupido. Una gritería sin sentido llego a sus oídos. Saltó para agarrar las riendas de una montura suelta y trepó una sola pierna sobre las ancas: escondió su cuerpo detrás del caballo y lo acicateó: el caballo galopó y él, con la cabeza colgándole y los ojos llenos de su propi pelo revuelto, se agarró a la silla y a las bridas con desesperación. Desapareció al fin la brillantez de la mañana; la sombra le permitió abrir los ojos, desprenderse de la carne del animal y rodar hasta pegar contra un tronco. Y allí volvió a sentir lo de antes. Le rodeaban todos los rumores confusos de la batalla, pero entre la cercanía y el rumor que llegaba a sus oídos se interpuso una distancia insalvable. Aquí, la leve agitación de las ramas, los movimientos escabullidos de las lagartijas, se escuchaban minuciosamente. Solo, reclinado contra el tronco, volvió a sentir esa vida dulce, serena que fluía con languidez por su sangre: ese bienestar del cuerpo que se imponía a cualquier intento rebelde del pensamiento. ¿Sus hombres? El corazón latía parejo, sin sobresaltos. ¿Lo estarían buscando? Los brazos, las piernas se sintieron contentos, limpios, cansados. ¿Qué harían sin sus órdenes? Los ojos buscaron, entre el techo de hojas, el vuelo escondido de algún pájaro. ¿Habrían perdido la disciplina: correrían, ellos también, a esconderse en este bosquecillo providencial? Pero a pie no podía cruzar de nuevo la montaña. Debía esperar aquí. ¿Y si lo tomaban prisionero? Ya no pudo pensar: un quejido apartó las ramas, cerca del rostro del teniente, y un hombre se desplomó entre sus brazos. Sus brazos lo rechazaron por un instante y en seguida volvieron a tomar ese cuerpo del cual colgaba un trapo rojo, sin fuerza, de carnes rasgadas. El herido apoyó la cabeza en el hombro del compañero:

-Están … dando… duro.

CARLOS FUENTES: La muerte de Artemio Cruz,  Ed. F.C.E.

 

(…) Dios mío después de ese beso largo casi perdí el aliento sí dijo que yo era una flor de la montaña sí eso somos todas las flores un cuerpo de mujer sí esa fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy sí eso fue lo que me gustó porque vi que entendía o sentía lo que es una mujer y yo sabía que siempre haría de él lo que quisiera y le di todo el gusto que puede animándole hasta que me lo pidió para decir sí y al principio yo no quise contestar sólo miré a lo lejos al mar y al cielo estaba pensando en tantas cosas que él no sabía que Mulvey y el señor Stanhope y Hester y  papá y el viejo capitán Groves y los marineros jugando a los pájaros volando y la píldora como lo llamaban ellos en el muelle y el centinela delante de la casa del gobernador con la cosa alrededor del casco blando pobre diablo medio asado y las chicas españolas riéndose con sus mantillas y sus peinetas altas y las subastas por la mañana los griegos y los judíos y los árabes y no sé quién demonios más de todos los extremos de Europa y Duke Street y el mercado de aves todas cacareando junto a Larby Sharon y los pobres burros resbalando medio dormidos y los viejos con sus capas dormidos a la sombra de las escaleras y las grandes ruedas de los carros de los toros y el viejo castillo de miles de años sí (…)

JAMES JOYCE,    Ulises, Ed. Seix Barral.

 

 (…) Ocurrió porque al observar a Teresa despojándose de su anillo de boda a causa del calor, el anillo con el dedo de dedo de la serpiente se visualizó ante él por un segundo, inmediatamente descubrió que se hallaban senados a la misma mesa alrededor de la cual la noche precedente tuviera lugar el encuentro con el recitador. Teresa percibió el sorprendido gesto de Fidel, le interrogó con su sonrisa y fue el suyo un diálogo gestual, pues él tomó su anillo, la miró a través de él como si tratara de un visor, dibujó la forma de la serpiente en el aire y lo colocó después junto al vaso de Teresa, así como las manos de ella en la misma postura del recitador: acompañando y protegiendo el vaso, precisamente un vaso lleno de vino. Después tomó asiento enfrente.

-¿Sabes?- comenzó a decir Fidel-. Anoche estuve aquí, en esta mesa, oyendo contar un relato realmente estremecedor acerca de un muchacho perdido en un laberinto de imágenes. Un relato que me trajo recuerdos cercanos y lejanos y que, si bien no acierto a distinguirlos con claridad, son, ¿cómo te lo diría?..., familiares. Y en el relato me pareció entrever la figura de un hombre con una cicatriz en forma de media luna en la mejilla –dijo esto último con una espontaneidad fingida y controlada. Los ojos de Teresa no mostraron sorpresa, porque un resplandor previo semejante a la astucia veló el segundo sentimiento.

-Era un brujo –afirmó con sencillez-el desconocido.

-Un mensajero, según sus propias palabras  -confesó Fidel, imperturbable.

-Un mensajero…  -comentó mecánicamente, como perdida en una llamada profunda. Teresa. Se repuso en instantes: -  Sí, es una palabra hermosa y justa. Sería un mensajero.

Fidel no se atrevió a seguir. Ahora tenía ante él a una mujer dura y astuta, una actitud que le desconcertó y sobresaltó en parte, pero, sobre todo, le aprestó fuera de la línea de conversación tan instintivamente como el animal que ventea un territorio que no le pertenece y, sin rondarlo siquiera, retrocede, aviva el paso y se pierde en la espesura. Hizo un recorte vagamente diletante y cambió de tema, acosado de pronto por un temor de procedencia tan irreconocible – o pretendidamente irreconocible, como cierto.

-Pensé mucho acerca del azar, de la soledad y el tiempo –empezó a decir Fidel. Teresa, con una tierna y diminuta expresión de pesar, como si hubiera advertido la pretendidamente descuidada vuelta  atrás de Fidel, tomó entonces sus manos entre las suyas y el gesto detuvo la palabra. (…)

JOSÉ MARÍA GUELBENZU,  El rio de la luna, Alianza.

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Comentarios Esquema de procedimientos narrativos.

exelente nararcion como  tercera persona para que un lector lo comprenda. gracias por compartir tus deseo bella escritora y gracias por dejarme su firma en mi BLOG.

           
me mola
paulita23 paulita23 02/12/2016 a las 15:46
El esquema me ha sido de mucha utilidad. Muchas gracias.
Jose Ignacio Tejero Vela Jose Ignacio Tejero Vela 12/05/2017 a las 11:51

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