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Los dos comentarios para el análisis esta semana.

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Elabora el tema y el resumen de los siguientes textos. Logicamente es importante que vayáis pensando en cuál sería la estructura textual y los tipos de argumentos que aparecen en ambos. 

Literatura en un “juego”.
Hoy en día, mal les pese al pujante mercado editorial dedicado a la literatura infantil y juvenil, es difícil constatar hasta qué punto los adolescentes se dejan embaucar por los beneficios de la lectura que, aunque los enriquece más que otro tipo de ocio, no siempre es el que consumen habitualmente.
Los estudios muestran que si en primaria sí que suele ser habitual que los niños lean, a medida que crecen, abandonan ese hábito para dedicarse a otro tipo de ocio que anule ese esfuerzo: juegos de ordenador, play, televisión, etc.
Sin embargo, la literatura está presente, no en vano muchos juegos de rol retoman los caminos recorridos por la literatura fantástica, la saga artúrica o la mitología y el sufrido profesor se pasma al comprobar que, los mitos que resultan soporíferos en sus clases, son aclamados a golpe de ratón.
Un profesor inteligente no se cruzará de brazos ante la realidad virtual y las nuevas tecnologías, conocerá las arenas movedizas en las que se mueven sus alumnos y los ayudará a navegar contracorriente. Eso no significa que reniegue de la tradición, significa simple y llanamente que busque caminos alternativos y actividades que se apropien de una realidad con la que el alumno se siente íntimamente más familiarizado.
Un profesor inteligente asumirá el rol y se pondrá en la piel de sus alumnos. Con valentía y entusiasmo convencerá a sus alumnos de que la literaria es un ocio estimulante y creativo. La lectura es una puerta abierta hacia la imaginación, un camino que les servirá para huir de la mediocridad de la vida cotidiana.
Mari Carmen Moreno Revista Luke


La etiqueta
Cuando el chaval dice que quiere comprarse un pantalón, no es un pantalón lo que quiere comprar, sino una etiqueta.
El buen padre y la buena madre acuden con el chaval a las tiendas de juventud y no salen de su asombro. Observan detenidamente los géneros, los sopesan, los palpan y jurarían que aquellas telas son las mismas que se ponían los labradores 20 años atrás para regar sus huertas y los pastores para cuidar las cabras en el monte.
Sin embargo a los chavales eso les trae sin cuidado. El pantalón que quieren comprarse los chavales no tiene nada que ver con texturas ni con urdimbres ni con aprestos. Lo importante es la etiqueta. No una etiqueta cualquiera, sino la que debe ser; que luzca destacada sobre las posaderas, pues constituye el signo distintivo de su cabal integración en el grupo.
Que luego el pantalón sea un trapo o tenga agujeros es igual. Mejor dicho; debe tener agujeros y ser un trapo. Los chavales modernos repudian toda manifestación de elitismo, abominan de aquella sociedad hipócrita y caduca en la que sus padres, entonces jóvenes (si es que a los padres se les concede la merced de haber sido jóvenes alguna vez), disfrazaban su verdadera naturaleza y condición vistiendo ropas bien confeccionadas, planchadas y limpias, si había con qué comprarlas (que no solía haber, por cierto).
Los chavales, que desprecian aquellos prejuicios burgueses, se han rebelado contra la dictadura de la pulcritud y el aseo, y desarrollan su personalidad vistiendo de mendigos. En realidad visten todos iguales y parece el uniforme; por el precio de ese uniforme, los mendigos verdaderos comerían una semana, y encima van anunciando gratis al fabricante con la etiqueta pegada al culo. Pero así es como se sienten libres, ¡libres!. Angelitos míos.

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