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Cell, Stephen King

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Es terrible. Se ha producido una devastación masiva y Clay y sus amigos se protegen dentro de un hotel. Parece ser que las señales de los móviles hacen enloquecer a las personas. Ni él ni Tom, ni Alice llevan móviles y por eso se han salvado de la hecatombe, pero Clay no hace más que pensar en su hijo Johnny, él tiene doce años y pidió un móvil para su cumpleaños. No se lo quita de la cabeza. Es una situación traumática. Por eso nosotros queremos saber si le ha sucedido algo. Queremos despejar la incógnita. Pese a la superficialidad de esta novela, cuyo final nos deja fríos, el argumento es interesante y podría servirnos de aliciente para un relato. Antes de que te decidas a dar ese salto,  te propongo un ejercicio más sencillo. Sitúate dónde está Johnny y cuéntanos lo que le ha sucedido.

Aghata

 

-¡Tranquila, cariño- musitó-. Tranquila.

Pero la muchacha siguió gritando.

Se llamaba Alice Maxwell, consiguió explicarles por fin. Asimismo, les dijo que ella y su madre habían viajado a Boston en tren desde Boxford para ir de compras, algo que hacían a menudo los miércoles, lo que ella denominaba su <> en el instituto. Les contó que se habían apeado del tren en South Station para coger un taxi. El taxista llevaba un turbante azul. Les dijo que el turbante azul era lo último que recordaba hasta que el recepcionista calvo abrió la puerta destrozada del Atlantic Avenue Inn para dejarla entrar.

Clay creía que recordaba más cosas, sobre todo por el modo en que se puso a temblar cuando Tom McCourt le preguntó si ella o su madre llevaban teléfono móvil. Alice aseguró que no lo recordaba, pero Clay estaba convencido de que una de las dos llevaba, o tal vez ambas. Hoy en día, parecía que todo el mundo tenía móvil, y él no era más que la excepción que confirmaba la regla. Y luego estaba Tom, que quizá debía su vida al hecho de que su gato hubiera tirado el suyo del mármol de la cocina.

Conversaron con Alice ( una conversación que consistió en su mayor parte en que Clay le formulaba preguntas mientras ella permanecía callada, con la mirada clavada en las rodillas desolladas y meneando la cabeza de vez en cuando) en el vestíbulo  del hotel. Clay y Tom habían colocado en cadáver de Franklin tras el mostrador de recepción sin hacer caso de la sonora y estrambótica protesta del recepcionista calvo, según el cual <>. El recepcionista, que  se había presentado como señor Ricardi, se retiró al despacho. Clay lo siguió hasta asegurarse de que había dicho la verdad acerca de que la televisión estaba fuera de servicio y luego lo dejó allí. Sharon Riddell habría comentado que el señor Ricardi estaba cavilando en su madriguera.

Sin embargo, el hombre no habría dejado escapar la oportunidad de regañar a Clay.

-Ahora estamos abiertos al mundo- espetó con amargura-. Estará satisfecho…

-Señor Ricardi- repuso Clay en el tono lo más paciente posible-. He visto un avión estrellarse al otro lado del aparte hace menos de una hora. Tengo la sensación de que otros aviones, mucho más grandes que el primero, por cierto, están corriendo la misma suerte en Logan. Puede que incluso haya pilotos suicidas que hayan decidido empotrarse en las terminales. Cada dos por tres se oyen explosiones por todo el centro de la ciudad… Yo diría que toda Boston está vierta al mundo esta tarde.

Para subrayar sus palabras se produjo un sonoro golpe sobre sus cabezas. El señor Ricardi no alzó la vista siquiera, sino que agitó la mano en dirección a Clay para indicarle que se fuera. Puesto que no podía mirar la televisión, el recepcionista se sentó en su silla y se quedó mirando la pared con expresión severa.

 

Clay y Tom apoyaron las dos sillas imitación reina Ana contra la puerta, de modo que los respaldos altos lograban llenar el espacio que habían dejado los vidrios rotos. Clay estaba convencido de que cerrar el hotel les proporcionaría una sensación de seguridad falsa o escasísima a lo sumo, pero al mismo tiempo consideraba que impedir que la gente los viera desde la calle era una buena idea, y Tom coincidía con él.  Una vez colocadas las sillas, bajaron la persiana veneciana del ventanal delantero, lo cual sumió el vestíbulo en la semipenumbra y proyectó sombras en forma de barrotes de celda sobre la alfombra granate.

Con aquella tarea concluida y el relato radicalmente abreviado de Alice terminado, Clay se dirigió por fin al teléfono del mostrador. Miro el reloj; eran las cuatro y veintidós minutos, una hora del todo lógica, aunque por otro lado la noción lógica del tiempo parecía haberse esfumado. Tenía la sensación de que habían transcurrido horas desde que viera al hombre morder al perro en el parque, pero al mismo tiempo se le antojaba que acababa de suceder. Sin embargo, el tiempo tal como los seres humanos lo medían seguía existiendo, y en Kent Pond, Sharon sin duda estaría de vuelta en la casa que Clay aún consideraba su hogar. Tenía que hablar con ella, asegurarse de que estaba bien y decirle que él también estaba bien, aunque aquello no era lo más importante. Cerciorarse de que Jonhnny estaba bien también era importante, pero había algo aún más importante, vital, de hecho.

Clay no tenía móvil, ni Sharon tampoco, estaba casi seguro de ello. Cabía la posibilidad de que se hubiera comprado uno desde que se separaran en abril, pero seguían viviendo en el mismo pueblo, Clay la veía a diario y creía que si Sharon se hubiera comprado un móvil, él se habría enterado. Para empezar, Sharon le habría dado el numero, ¿verdad? Claro. Pero…

Pero Yohnny sí tenía móvil. El pequeño Johnny- Gess ya no era tan pequeño, doce años no eran moco de pavo, y eso era lo que había pedido para su cumpleaños. Un móvil rojo en el que sonaba el tema principal de su programa televisivo favorito. Por supuesto, tenía prohibido encenderlo o siquiera sacarlo de la mochila en la escuela, pero las clases habían terminado a aquella hora. Además, tanto Clay como Sharon lo animaban a llevarlo consigo, en parte a causa de la separación. Podía surgir alguna emergencia, o algún problema menor, como por ejemplo que Johnny perdiera el autobús. Clay tenía que aferrarse a la idea de lo que Sharon le había dicho más de una vez, que al entrar en la habitación de Johnny a menudo veía el móvil olvidado sobre la mesa o sobre la repisa de la ventana junto a su cama, descargado.

No obstante, la idea del móvil rojo de Johnny resonaba implacable en su mente como el tictac de una bomba de relojería.

Clay tocó el teléfono del mostrador, pero de inmediato retiró la mano. Fuera se produjo otra explosión, aunque esta vez bastante lejos. Fue como oír una bomba de artillería a una distancia más que prudencial de las líneas enemigas.

No hagas suposiciones, pensó. No te atrevas a suponer siquiera que hay líneas enemigas.

Alzo la mirada del teléfono y vio a Tom McCourt en cuclillas junto a Alice, que estaba sentada en el sofá. Le estaba hablando en voz baja, la mano apoyada en uno de sus zapatos, el rostro vuelto hacia ella. Eso estaba muy bien. Tom era una buena persona, y Clay se alegraba cada vez más de haberse topado con él… o de que Tom McCourt se hubiera topado con él. 

Con toda probabilidad, a la red fija no le pasaba nada. La cuestión radicaba en si con la probabilidad bastaba. Tenía una esposa que, en cierto modo, seguía siendo responsabilidad suya, y en cuento a su hijo, no había <> que valiera. Incluso pensar en Johnny resultaba peligroso, porque cada vez que sus pensamientos se desviaban a él, se sentía presa de un pánico casi incontenible, listo para escapar de la precaria jaula que lo retenía y atacar cualquier cosa que se le pusiera por delante. Si podía cerciorarse de que Johnny y Sharon estaban bien, podría mantener el pánico encerrado en su jaula y planear el siguiente paso. Pero si cometía la estupidez, no podría ayudar a nadie, de hecho, empeoraría las cosas para las personas que estaban con él. Reflexionó unos instantes y por fin pronunció el nombre del recepcionista calvo.

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Comentarios Cell, Stephen King

Vere, como te coloco en mi blog madre, hay un espacio y es tuyo, pero lo ubicare,
precioso mis hijos les gusta muncho este sera el hijo es escritor tambien  hay uno me maravillo y deberias de ponerlo eso del mal en un pueblo que se alimenta como de la savia de los seres iverna  pero cuando despierta siempre falta gente no se explicarme pero solo la amistad  inquebrantable  digamos es lo que hace la magia , luego hay otros no me gustan  pero ese me marco es de los mas largos  y otro creo es de el mas no lo se fijo hay pelicula de un escritor da un adcidente en una carretera perdida , bueno este caso puede ser internet mismo , aquel una admiradora lo recoje  lo sana etc mas cuando el le dice que esta harto del  defensor de el personaje etc , aquella que lo siente se ve era algo esquizofrenia , y sin medicacion lo que le hace pasar esta vamos los dos libros para quitarse el sombrero  pues del hijo o he leido algo o he visto y lleva la genetica de la imaginacion al limite
hermoso esto esta muy bien y pues la narracion  y el tiempo tan presente te hace estar en la historia misma. me ggustoooo..
 
Siempre tan profesional ... son una delicia tus propuestas
... algún dia caeré del "guindo" jajaja
Besos querida profe.
Agatha:
Eres la reia del relato, me encanta tu forma de expresarte a traves de las letras.
"Y luego estaba Tom, que quizá debía su vida al hecho de que su gato hubiera tirado el suyo del mármol de la cocina".
Un gusto leerte.
Sergio.
serge serge 21/06/2010 a las 18:46
No es que sea mi escritor preferido, entre otras razones porque el terror psicológico no es precisamente lo que más me gusta.  Tiene imaginación, eso sí. Falla: creo que falla en los diálogos y en algunas descripciones. En la novela hay momentos en que sientes que lo cuenta es muy forzado, y una novela  debe fluir en tu mente, a no ser que tú admitas y te confabules con el autor, que le sigas el juego.
No sé,  me gustó la idea, no tanto la novela.
Besos
Gracias Francisco. Desde luego la idea del autor es inquietante y da qué pensar
Saludos
Venga María, ánimo... Mándame algo, mi dulce dama... aunque no sea terror psicológico
Gracias Serge... aunque el texto es de King... yo sólo doy mis pautas, mis ideas sobre cómo potenciarlo o  qué hacer con este fragmento.
COINCIDO CON SERGE... LA REINA




y me refiero a que no cualquiera tiene la facilidad que tu tienes para adaptar el texto o jugar con el para siempre tenernos interesados
Hola, a mí me gustó el libro, sobre todo el inicio. Hago una reseña en mi blog, El lado oscuro de la Luna
Tomás Tomás 01/12/2011 a las 11:27

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