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El ángel caído, Amado Nervo

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El ángel caído, Amado Nervo

 

Sin duda este cuento  modernista  se abre al lector a partir de un hecho inusual, un hecho inexplicable, que remonta al lector a su niñez,  a través de la fórmula fática: Érase una vez…

El lector siente como si acompañase a los protagonistas con una cámara y va percatándose de que esa inusual comitiva sólo es observada por el poeta, el resto de personas, enfrascados en sus quehaceres, no les presta atención. El niño y el ángel traban amistad, se tutean, se tratan con cariño. El cuento está escrito de forma impecable, los diálogos son muy bellos, las relaciones que se establecen son plásticas y están contadas de forma transparente y diáfana, incluso con algunos guiños al lector, apelaciones implícitas en el tejido narrativo para que siga leyendo. Es curiosa la expresión niágaras de oro. El neologismo (niágaras) aparece reforzado hiperbólicamente gracias a ese “ fantásticamente” que le precede y que claramente apela al ensueño, a la fábula; por otra parte, se alude a la fuerza del sol que pincela el espacio hasta dotarlo de un cromatismo sensitivo, propio de los modernistas.

El final de la historia alude a la necesaria libertad artística, al deseo de auscultar un mundo que sitúa al otro lado de la bóveda celesta; un mundo que se extiende como un bálsamo, un sueño para el poeta que se eleva para evadirse de la oscuridad que le rodea. En esa apremiante elevación está la clave de la historia; aquél que busca la expresión poética debe alejarse de la mediocridad, debe ascender, debe acopiarse de todos los procedimientos estilísticos para lograr ese estilo nuevo que fusiona todas las corrientes estilísticas y que apela a constituirse en un nuevo clasicismo, un lenguaje que se ofrezca a las generaciones posteriores como una fruta madura.

Lo que te pedimos en este caso es que transformes la historia, de manera que el personaje del poeta, adquiera entidad propia, un rol transcendente.  El cuento cambiará sustancialmente si el poeta se convierte en el hacedor de la nueva suerte que corre el ángel, si escuchamos cómo conversa con el niño y el ángel.   Lo más importante es que mantengas el estilo modernista, que te adaptes al tono de la historia, que juegues con las palabras, hasta conseguir esa naturalidad, esa transparencia en el uso de la palabra, una palabra precisa, lanzada como un dardo certero y elegante.

 

                        Cuento de navidad, dedicado a mi sobrina, María de los Ángeles.

 

Érase un ángel que, por retozar más de la cuenta por una nube crepuscular teñida de violetas, perdió pie y cayó lastimosamente sobre la tierra.

Su mala suerte quiso que en vez de dar sobre el fresco césped, diese contra bronca piedra, de modo y manera que el cuitado se estropeó un ala, el ala derecha, por más señas.

Allí quedó despatarrado, sangrando, y aunque daba voces de socorro, como no es usual que en la tierra se comprenda el idioma de los ángeles, nadie acudía en su auxilio.

En esto acertó a pasar no lejos un niño que volvía de la escuela, y aquí empezó la buena suerte del caído, porque como los niños sí pueden comprender la lengua angélica ( en el siglo XX mucho menos, pero en fin), el chico allegóse al mísero, y sorprendido primero y compadecido después, tendióle la mano y le ayudó a levantarse.

Los ángeles no pesan y la leve fuerza del niño bastó y sobró para que aquél se pusiese en pie.

Su salvador ofrecióle el brazo y vióse entonces el más raro espectáculo; un niño conduciendo a un ángel por los senderos de este mundo.

Cojeaba el ángel lastimosamente, ¡es claro! Acontecíale lo que acontece a los que nunca andan descalzos: el menor guijarro le pinchaba de un modo atroz. Su aspecto era lamentable. Con el ala rota, dolorosamente plegada, manchado de sangre y lodo el plumaje resplandeciente, el ángel estaba para dar compasión.

Cada paso le arrancaba un grito; los maravillosos pies de nieve empezaban a sangrar también.

-No puedo más – dijo al niño.

Y éste, que tenía su miaja de sentido práctico, respondíole:

-A ti ( porque desde un principio se tutearon), a ti lo que te falta es un par de zapatos. Vamos a casa, diré a mamá que te los compre.

-¿ Y qué es eso de zapatos?- preguntó el ángel.

-Pues mira- contestó el niño mostrándole los suyos… algo que yo rompo mucho y que me cuesta buenos regaños.

-¿Y yo he de ponerme eso tan feo?...

-Claro… ¡ o no andas! Vamos a casa. Allí mamá te frotará con árnica y te dará calzado.

-Pero si ya no me es posible andar…, ¡cárgame!

-¿Podré contigo?

-¡Ya lo creo!

Y el niño alzó en vilo a su compañero,  sentándolo en su hombro, como lo hubiera hecho un diminuto San Cristóbal.

-¡Gracias! – suspiró el herido-: qué bien estoy así… ¿Verdad que no peso?

-¡Es que yo tengo fuerzas! – respondió el niño con cierto orgullo y no queriendo confesar que su celeste fardo era más ligero que uno de plumas.

En esto se acercaban al lugar, y os aseguro que no era menos peregrino ahora que antes el espectáculo de un niño que llevaba en brazos a un ángel, al revés de lo que nos muestran las estampas.

Cuando llegaron a la casa, sólo unos cuantos curiosos les seguían. Los hombres, muy ocupados en sus negocios, las mujeres que comadreaban en las plazuelas y al borde de las fuentes, no se habían percatado de que pasaba un niño y un ángel. Sólo un poeta que divagaba por aquellos contornos, asombrado, clavó en ellos los ojos y sonriendo bastamente les siguió durante buen espacio de tiempo con la mirada… Después se alejó pensativo…

Grande fue la piedad de la madre del niño, cuanto éste le mostró a su alirroto compañero.

-¡Pobrecillo!- exclamó la buena señora-; le dolerá mucho el ala, ¿eh?

El ángel  al sentir que le hurgaban la herida, dejó oír un lamento armonioso. Como nunca había conocido el dolor, era más sensible  a él que los mortales, forjados para la pena.

Pronto la caritativa dama le vendó el ala, a decir verdad, con trabajo, porque era tan grande que no bastaban los trapos; y más aliviado y lejos ya de las piedras del camino, el ángel pudo ponerse en pie y enderezar su esbelta estatua.

Era maravilloso de belleza. Su piel translúcida parecía iluminada por suave luz interior y sus ojos, de un hondo azul de incomparable diafanidad, miraban de manera que cada mirada producía un éxtasis.

-Los zapatos, mamá, eso es lo que le hace falta. Mientras no tenga zapatos, ni María ni yo ( maría era su hermana) podremos jugar con él – dijo el niño.

Y eso era lo que interesaba sobre todo: jugar con el ángel.

A María, que acababa de llegar de la escuela, y que no se hartaba de contemplar al visitante, lo que le interesaba más eran las plumas; aquellas plumas gigantes, nunca vistas, de ave de Paraíso, de quetzal heráldico… de quimera, que cubrían las alas del ángel. Tanto, que no pudo contenerse, y acercándose al celeste herido, sinuosa y zalamera, cuchicheóle estas palabras:

-Di, ¿te dolería que te arrancase yo una pluma? La deseo para mi sombrero…

-Niña – exclamó la madre, indignada, aunque no comprendía del todo aquel lenguaje.

Pero el ángel, con la más bella de sus sonrisas, le respondió extendiendo el ala sana:

-¿Cuál te gusta?

-Esta tornasolada…

-¡Pues tómala!

Y se la arrancó resuelto, con movimiento lleno de gracia, extendiéndola a su nueva amiga, quien se puso a contemplarla embelesada.

No hubo manera de que ningún calzado le viniese al ángel. Tenía el pie muy chico, y alargado en una forma deliciosamente aristocrática, incapaz de adaptarse a las botas americanas (únicas que había en el pueblo), las cuales le hacían un daño tremendo, de suerte que claudicaba peor que descalzo.

La niña fue quien sugirió, al fin, la buena idea:

-Que le traigan – dijo- unas sandalias. Yo he visto a San Rafael con ellas, en las estampas en que lo pintan de viaje, con el joven Tobías,  y no parece molestarle lo más mínimo.

El ángel dijo que, en efecto, algunos de sus compañeros las usaban para viajar por la tierra; pero que eran de un material finísimo, más rico que el oro, y estaban cuajadas de piedras preciosas. San Crispín, el bueno de San Crispín, fabricábalas.

-Pues aquí – observó la niña – tendrás que contentarte con unas menos lujosas, y déjate de santos si las encuentras.

Por fin, el ángel, calzado con sus sandalias y bastante restablecido de su mal, pudo ir y venir por toda la casa.

Era adorable escena verle jugar con los niños. Parecía un gran pájaro azul, con algo de mujer y mucho de paloma, y hasta en lo zurdo de su andar había gracia y señorío.

Podía ya mover el ala enferma, y abría y cerraba las dos con movimientos suaves y con un gran rumor de seda, abanicando a sus amigos.

Cantaba de un modo admirable, y refería a sus dos oyentes historias más bellas que todas las inventadas por los hijos de los hombres.

No se enfadaba jamás. Sonreía casi siempre y, de cuando en cuando se ponía triste.

Y su faz, que era muy bella cuando sonreía, era incomparablemente más bella cuando se ponía pensativa y melancólica, porque adquiría una expresión nueva que jamás tuvieron los rostros de los ángeles y que tuvo siempre la faz del Nazareno, a quien, según la tradición, “ nunca se le vio reír y sí se le vio muchas veces llorar”.

Esta expresión de tristeza augusta fue, quizá, lo único que se llevó el ángel de su paso por la tierra…

¿Cuántos días transcurrieron así? Los niños no hubieran podido contarlos; la sociedad con los ángeles, la familiaridad con el Ensueño, tienen el don de elevarnos a planos superiores, donde nos sustraemos a las leyes del tiempo.

El ángel, enteramente bueno ya, podía volar, y en sus juegos maravillaba a los niños, lanzándose al espacio con una majestad suprema; cortaba para ellos la fruta de los más altos árboles, y, a veces, los cogía a los dos en sus brazos y volaba de esta suerte.

Tales vuelos, que constituían el deleite mayor para los chicos, alarmaban profundamente a la madre.

-No vayáis a dejarlos caer por inadvertencia, señor Ángel- gritábale la buena mujer-. Os confieso que no me gustan juegos tan peligrosos…

Pero el ángel reía y reían los niños, y la madre acababa por reír también, al ver la agilidad y la fuerza con que aquél los cogía en sus brazos, y la dulzura infinita con que los depositaba sobre el césped del jardín… ¡Se hubiera dicho que hacía su aprendizaje de Ángel Custodio!

-Sois muy fuerte, señor Ángel – decía la madre, llena de pasmo.

Y el ángel, con cierta inocente suficiencia infantil, respondía:

-Tan fuerte, que podría zafar de su órbita a una estrella.

Una  tarde los niños encontraron al ángel sentado en un poyo de piedra, cerca del muro del huerto, en actitud de tristeza más honda que cuando estaba enfermo.

-¿Qué tienes?- le preguntaron al unísono.

-Tengo – respondió- que ya estoy bueno; que no hay ya pretexto para que permanezca con vosotros…; ¡que me llaman de allá arriba, y que es fuerza que me vaya!

-¿Qué te vayas? ¡Eso nunca! – replicó la niña.

-¿Y qué he de hacer si me llaman?...

-Pues no ir…

-¡Imposible!

Hubo una larga pausa llena de angustia.

Los niños y el ángel lloraban.

De pronto, la chica, más fértil en expedientes, como mujer, dijo:

-Hay un medio de que no nos separemos…

-¿Cuál?- preguntó el ángel, ansioso.

-Que nos lleves contigo.

-¡Muy bien! –afirmó el niño palmoteando.

Y con divino aturdimiento, los tres pusiéronse a bailar como locos.

Pasados, empero, estos transportes, la niña quedóse pensativa, y murmuró:

-Pero ¿y nuestra madre?

-¡Eso es!- corroboró el ángel- ; ¿y vuestra madre?

-Nuestra madre- sugirió el niño- no sabrá nada… Nos iremos sin decírselo… y cuando esté triste, vendremos a consolarla.

-Mejor sería llevarla con nosotros – dijo la niña.

-¡Me parece bien! – afirmó el ángel -. Yo volveré por ella.

-¡Magnífico!

-¿Estáis, pues, resueltos?

-Resueltos estamos.

Caía la tarde fantásticamente, entre niágaras de oro. El ángel cogió a los niños en sus brazos, y de un solo ímpetu se lanzo con ellos al azul luminoso.

La madre en esto llegaba al jardín, y toda trémula vióles alejarse.

El ángel, a pesar de la distancia, parecía crecer. Era tan diáfano, que a través de sus alas se veía el sol.

La madre, ante el milagroso espectáculo, no pudo ni gritar. Quedóse alelada, viendo volar hacia las llamas del ocaso aquel grupo indecible, y cuando, más tarde, el ángel volvió al jardín por ella, la buena mujer estaba aún en éxtasis.

 

Cuentos misteriosos

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Comentarios El ángel caído, Amado Nervo

esta bonito queda decir murieron para subir al cielo tampoco alli habria dolor
ta muy bueno


flaconchi flaconchi 08/04/2010 a las 01:28
este cuento es muy largo pero bueno
genesis genesis 20/04/2010 a las 17:02
es sensacional este cuento verdad ya que tu lo leistes
joselin joselin 20/04/2010 a las 17:45
me encanta esta muy bueno!
yo justo lo estoy trabajando en la escuela!!!
XD   :-D  
anonimo anonimo 07/11/2010 a las 23:14
me ghustho musho ♥  ojala k todo mundo lo leeaa   :-D
amoniakuzx amoniakuzx 14/02/2011 a las 21:41
estoy trabajando con este cuento pero no lo  entiendo ......
ma_andre ma_andre 24/03/2011 a las 21:29
ke bonito cuento
leslie michelle leslie michelle 04/05/2011 a las 00:24
muy bonito me gusto mushoo????????????????
jajajaja
;-) todo bien
armandos armandos 12/05/2011 a las 00:02
AMADO NERVO ES LO MEXOR QE CUANDO LOS LEEI ME PUSE A  :'-(
karime karime 17/05/2011 a las 00:52
aaaa puesss :'-( quiero yorar mui lindo ay y que me agarraron mai soy bien chiyona no ya todo bien
lili lili 19/05/2011 a las 00:23
aa ya todo super me gusta porque suben al cielo ee amado nervo si es un don :-D
lili lili 19/05/2011 a las 00:25
este cuento me gusta muxo y yo boy en la escuela amado nervo y lei el cuento y me puse a :'-(
michelle michelle 19/05/2011 a las 03:53
yo en la escueLa boy a dar un mensaje de este cuento ,me encanto adios espero que sigas vivo eso no lo creo :-D
!!!! TE QUIERO ,GRASIAS ¡¡¡¡
pOeS EsTA mUY ChIdO
:) OJALA QUE miS AMIgAs LO
lEaN
GELY GELY 30/09/2011 a las 22:24
mierda putos
jeremy jeremy 27/03/2012 a las 03:20
mierda putos
jeremy jeremy 27/03/2012 a las 03:20
mierda putos
jeremy jeremy 27/03/2012 a las 03:20
putos
puto puto 27/03/2012 a las 03:25
Wonderful book! thanks,
Gabriell v McCartney Gabriell v McCartney 29/03/2012 a las 03:10
esta muy bien pero demasiafo largote si le cortara beri goood
el cuento ta muy padre y amado nervo es lo mejor
si q lindo cuento!!!!!!!!!!!
Anónimo Anónimo 17/04/2012 a las 01:50
wooo super bien el libro me recuerda a algo de mi infancia sin duda amado nervo es super genial
lyzet lyzet 18/04/2012 a las 02:33
que anda esta padre
popo
popo popo 23/04/2012 a las 07:27
GRAAsias  por aserme sacar un 10  LOOOOOOOvEEEEEEEEEE.........................................................Amado  Nervo LooOOOOOOVe.........................................................................................................
GRAAsias  por aserme sacar un 10  LOOOOOOOvEEEEEEEEEE.........................................................Amado  Nervo LooOOOOOOVe.........................................................................................................
plis  kiero sacar un dies10
lilia monserrath lilia monserrath 25/04/2012 a las 01:57
Me gustó mucho. Nos hizo investigar varias palabras de las que no conocíamos su significado.
edith edith 26/04/2012 a las 00:41

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